Proceso Galeote. Sentencia del recurso de casación ante el Tribunal Supremo 16/12/1886

RECURSO DE CASACIÓN PROCESO GALEOTE

El letrado de la defensa Sr. Villar presentó recurso de casación por quebrantamiento de forma, denegación de prueba testifical,  y cuestiones sobre infracción de ley en cuanto a  compatibilidad del delito de atentado junto al de asesinato, la concurrencia de la agravante de premeditación, la alevosía y la estimación de la atenuante de arrebato y obcecación.

11 de diciembre de 1896

A la una se ha abierto la vista. Componen el Tribunal D. Eduardo Alonso Colmenares, presidente, y los vocales Sres. Aldecoa, Enjuto, Castol, Gallija, Alvarez y Montero de Espinosa.
Los bancos estaban llenos y varias damas presenciaron el acto.

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Retrato Ilustración Española y Americana. 1888. Dº Eduardo Alonso Colmenares. Ministro de Gracia y Justicia durante el reinado de Amadeo I (1871-72) y Presidente del Tribunal Supremo desde 1882 hasta su fallecimiento en 1888

Informe del Letrado defensor Sr. Villar Rivas

Al cometerse—dice—el hecho, motivo de este proceso, hubo en el público un sentimiento de indignación y una aspiración de castigo ejemplar.
Al verificarse el juicio oral se experimentó un movimiento de compasión en favor de un hombre que resultaba ser un desgraciado loco.
La prueba pericial de los alienistas, examinada racional y desapasionadamente, vino a confirmar ese movimiento del público.
La sentencia de la Audiencia contiene infracciones de ley y quebrantamiento de forma.
En la indicada decisión se dice que el pobre loco Galeote cometió un atentado a la autoridad, siendo así que este delito es incompatible con el asesinato, que la misma sentencia declara. Y en verdad que de los hechos declarados, probados por la Sala, resulta que Galeote no tuvo idea de atentar a la autoridad. La Audiencia no permitió que vinieran a declarar dos testigos de Puerto- Rico.
En la sentencia de la Audiencia se dice que hubo alevosía, y de los hechos probados en dicha sentencia no resulta esa circunstancia ; pues la alevosía es obrar traidoramente y sobre seguro.
No hay duda de que el crimen de Galeote es el crimen de un gran loco.
Tampoco resulta premeditación de los hechos declarados probados por la sentencia, pues la premeditación es meditación reflexiva, y no se revela esta en el hecho de ir Galeote a la estación del Norte en busca del Obispo.
En la sentencia, se supone irascibilidad de carácter y excitación de pasiones en Galeote, y sin embargo en dicha sentencia no se ha tenido en cuenta la circunstancia atenuante de arrebato y obcecación.
Por último, la sentencia no refleja la verdad de lo sucedido en el sumario y en el juicio oral.
Pido, pues, que se case la sentencia y se levante por esta Sala la terrible pena de muerte impuesta a mi defendido.

Informe del fiscal Dº Manuel Colmeiro y Penido

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Pido a la Sala que no admita el recurso de casación interpuesto por la defensa sobre infracción de ley y quebrantamiento de forma en la sentencia dictada por la Audiencia de Madrid en la causa de D. Cayetano Galeote.
Conste, en primer lugar, que dentro de la ley no podemos ocuparnos aquí en los hechos que la Audiencia ha tenido derecho absoluto a declarar probados.
Los dos testigos de Puerto Rico no hubieran añadido ni un grano siquiera a la prueba. Había ya 24 testigos sobre los hechos.
No hay, pues, lugar a formular recurso de casación en motivos de denegación de pruebas, porque, según la ley de Enjuiciamiento criminal, el tribunal sentenciador tiene facultades para dar la extensión que le parezca a las pruebas y para estimar éstas como juzgue en conciencia.
El defensor dice que, si hubo delito de atentado, no pudo haber delito de asesinato. Pues yo diré que no se pudo cometer el asesinato del Obispo de Madrid sin atentar contra la dignidad de su persona, constituida en autoridad y jurisdicción, tanto más si se tiene en cuenta que Galeote era Sacerdote sujeto al Prelado. Estamos, pues, en el art. 90 del Código penal, que dice que cuando se cometen dos delitos, puede aplicarse la pena del más grave en su grado máximo. Esta es la ley.
En el delito de Galeote, la premeditación es una cosa tan clara como la luz del medio día y de la evidencia, a pesar de la negativa de la defensa, pues la premeditación es voluntad deliberada.
Tan probada está la premeditación, como la luz del Sol que nos alumbra. Galeote estuvo durante muchos días alimentando su sed de venganza y embriagándose con veneno.
Galeote revela en su historia estar amamantado en el crimen y tener un alma perversa, viciada y corrompida. La premeditación es una cosa tan visible, y palpable que no se puede poner en duda, a no poner en duda los hechos más ciertos y evidentes.
No hubo arrebato ni obcecación, pues estas circunstancias son contrarias á la premeditación.
El presbítero Galeote maduró la tragedia que después ejecutó dándole desenlace en las gradas del templo de Madrid.
La teoría del defensor sobre la alevosía, es inaceptable. En derecho no vale acudir como autoridad al Diccionario de la Academia; la autoridad está en las leyes. El reo esperó al Obispo, se colocó cerca de él abriéndose paso, porque la gente no temió ni sospechó que un sacerdote fuera a dirigirse hacia el Obispo con otro objeto que con el de rendirle obediencia.
El ministerio fiscal se ve en el trance sensible de pedir que se cumpla la sentencia, tal como está concebida y redactada por el tribunal sentenciador.
El Sr. Alonso Colmenares declara terminado el acto.

Eran las cuatro.

El Tribunal Supremo dictó SENTENCIA el 16 de diciembre de 1886:

En la villa y corte de Madrid a diez y seis de diciembre de mil ochocientos ochenta y seis, en el recurso de casación admitido de derecho en beneficio de Don Cayetano Galeote y Cotilla, contra la sentencia dictada por la Sala de lo Criminal de la Audiencia de esta Corte, en causa por asesinato y atentado.
Resultando que vista en juicio oral y público la referida causa, dicha Audiencia dicto la expresada sentencia en nueve de octubre último, consignando los hechos en los siguientes:

Resultando probado que el Presbítero Don Cayetano Galeote Cotilla, vino a Madrid hace unos seis años y medio, dedicándose primeramente a celebrar misa en la Capilla del Santo Cristo de San Ginés, donde estuvo pocos meses, por la limosna de ocho reales, pasando luego a decir la misa de diez a la Iglesia de la Encarnación por diez reales, sirviéndola más de cuatro años; dejando esta por otra que vio anunciada en los Irlandeses con la limosna de tres pesetas, por ser poca la cantidad que antes percibía para atender a sus necesidades, y en fin, al anunciarle al poco tiempo el Sacristán de la Encarnación que estaba vacante la misa de once en la Capilla del Santísimo Cristo de la Salud, cuya limosna era de catorce reales; fue a avistarse con Don Nicolás Vizcaino, Rector de la misma, aceptándola desde luego, y sirviéndola cerca de dos años, hasta el diez y siete de enero último, sin que en ninguna de dichas iglesias y por ninguno de sus Rectores o encargados, ni por otros, se le pusiera dificultad alguna para la celebración, ni en otro concepto.

Resultando así mismo probado que por sospechas de si trataba de colocarse en su lugar a otro Sacerdote y por creer que Don Nicolás Vizcaino había dejado de saludarle le escribió una carta mostrándose ofendido y tuvo cuestiones con este, llegando hasta el extremo de insultarle y amenazarle, por cuyo motivo, debiendo reunirse la Junta de dicha Capilla en diez y siete de enero de este año, escribió el procesado varias cartas al Rector, Presidente y a algunos Vocales de la Congregación que disponían todo lo referente a dicha Capilla, para que no resolvieran nada sin oírle y exigiendo estos al Rector Vizcaíno que les manifestara lo ocurrido, aunque procuraba ocultarlo, tuvo que ceder a las exigencias de aquellos y siéndoles satisfactorio el comportamiento del Rector, dispuso la expresada Junta que se suspendiera la limosna que se daba a Don Cayetano Galeote por la expresada misa, y cualesquiera otras obvenciones que recibiera de la Congregación.

Resultando también probado que disgustado Galeote por esta determinación, tuvo algunas conferencias con Vizcaíno y le escribió algunas cartas, exigiendo que le manifestara los motivos que había tenido para retirarle la subvención que daban por la misa que él servía y que se le repusiera, cuyas cartas no fueron contestadas, ni produjeron el resultado a que aspiraba el procesado, por lo que, considerándose lastimado en su honra, resolvió cometer actos de violencia contra dicho Rector, de cuyas ideas desistió por haber adoptado la resolución de acudir al Prelado de la Diócesis.

Resultando igualmente probado que con este motivo fue a hablar al Señor Obispo, dirigiéndose también al padre Gabino Sánchez, que era confesor de este, y a otros sacerdotes, sin que consiguiera su objeto, y hasta el padre del procesado escribió una carta al Prelado que fue a presentarle Doña Tránsito Durda, que es el ama de la casa en que Don Cayetano Galeote estaba de huésped, a la que recibió bastante mal, según ésta expresa, manifestándola sin embargo entre otras cosas, que le recomendaría a las Parroquias para que le facilitarán misas, como así lo hizo por medio de su Secretario Don Enrique Almaráz, y en efecto se las facilitaron, recomendándole además a los curas de San Marcos y de Chamberí, para que vieran si podían darle algún cargo que cuando menos le produjera lo que percibía en la Capilla del Cristo de la Salud, ofreciéndole el primero una tenencia que no llego a concederle, por el estado de su oído, mostrándose no obstante dispuesto a protegerle y el cura de Chamberí le ofreció también una tenencia en Cuatro Caminos, cuyos emolumentos eran de cuarenta duros mensuales, no
Aceptándola porque había escrito al Señor Obispo que estaba algo sordo y quería que este dispusiera su aceptación o colocación, insistiendo siempre a pesar de ello en su reposición o en que se le nombrara Sacristán Mayor de alguna parroquia, lo que no fue posible por falta de vacante.

Resultando de la misma manera probado que para llamar la atención dispuso el procesado que se publicara un suelto en un periódico en que se anunciaba que un Sacerdote falto de recursos solicitaba una portería, y al propio tiempo se dejó crecer la barba para que le atendieran y reconvenido por otros Sacerdotes que le conocían para que se afeitara, accedió a sus indicaciones, creyendo así que conseguiría más fácilmente su objeto.

Resultando así mismo probado que no recibiendo contestación a las cartas que había escrito al Señor Obispo, ni recaído resolución a las instancias que le había dirigido, le escribió otras cartas certificadas, la última en trece de abril de este año. En esta le expresaba que si dentro de veinte y cuatro horas no resolvía su cuestión, por lo menos en las condiciones que expresaba más abajo, se daba por contestado: consistiendo aquellas en darle un cargo o destino, fuese o no de nombramiento de dicho Señor Obispo, pero tan seguro que solo dependiera del cumplimiento de su cometido, y que le proporcionara lo menos diez y ocho reales diarios y cincuenta y seis duros de perjuicios materiales que podría pagar el Presbítero Señor Vizcaíno, o el que el Señor Obispo dispusiera y añadía –«Premedite V. E. I. y no dude que no siendo así, me entrega la credencial de mí más desgraciada perdición y desolación de mi familia» lo cual encubría una amenaza.

Resultando igualmente probado que por aquellos días salió una vez con el revolver hacia la Estación del Norte para empezar a tiros con el Obispo si le encontraba de paseo en el coche, sin que este hecho produjera resultados por no haberle encontrado.

Resultando también probado que continuando en esta situación fue a ver al padre Gabino Sánchez en uno de los días anteriores al Domingo de Ramos, y no habiendo recibido el aviso que de él esperaba hasta la mañana de dicho día, que era el diez y ocho de abril, se vistió el procesado con hábitos talares y tomando el revólver se dirigió a la calle de Toledo, donde se estuvo paseando cerca de tres cuartos de hora frente a San Isidro o sea la Catedral; y al observar sobre las diez y media que se acercaba el coche del Señor Obispo se colocó en una de las primeras gradas que dan entrada al vestíbulo de la iglesia, hacia la columna de la derecha o su pedestal y al llegar el Prelado como a la tercera grada, después de haber separado Galeote a la gente con las manos para acercarse más, le disparó a quema-ropa y sin hablar palabra tres tiros con el revólver, estando colocado el procesado en el lado derecho, algo detrás y un poco más abajo, de cuyas resultas llego a caer, según algunos, aunque otros afirman que no cayó por completo por haberle sostenido, causándole los proyectiles tres lesiones, una en la parte superior derecha del hipocondrio del mismo lado, sin orificio de salida que le perforó el hígado por dos partes distintas, produciéndole cuatro orificios, le atravesó la parte inferior del pericardio y le perforó el diafragma en su parte anterior izquierda, produciéndole como era consiguiente una hemorragia, llegando la bala a la pared del lado izquierdo del cuerpo, cuya herida era mortal de necesidad; otra también mortal de necesidad en la parte posterior derecha de la región dorsal, al nivel de la undécima vértebra del mismo nombre, que magulló y cortó casi por completo la médula espinal y le produjo la parálisis de la parte inferior del cuerpo y la caída al recibirla, quedando la bala implantada en la expresada vértebra, y la tercera solo de naturaleza grave en la parte posterior del muslo derecho en la unión próximamente del tercio medio y superior, cuyo proyectil sacaron los facultativos haciendo una incisión en la parte anterior, cuyas lesiones le produjeron la muerte, a las cinco y cuarto de la tarde del siguiente día diez y nueve de abril, siendo detenido inmediatamente el procesado con el revólver con que había hecho los disparos, sin resistencia, cuyo revolver tenía tres cápsulas disparadas recientemente y estaba en buen uso.

Resultando que pedida la exención de responsabilidad por la defensa, por considerar que el procesado estaba loco, y encargados de su observación tres facultativos alienistas designados por aquella y tres forenses por la Sala, expresaron en sus conclusiones los tres primeros y uno de los forenses, que Don Cayetano Galeote padecía un enfermedad mental degenerativa que desarrollada le ha producido un delirio de persecución que puede calificarse de paranoia primitiva persecutoria, según los signos somáticos en el observados y que se anunció dicho delirio desde que Galeote empezó a sentirse ofendido, estando ya antes predispuesto a él, por sus antecedentes hereditarios.

Resultando que uno de los otros dos facultativos forenses afirma por el contrario que si bien en Galeote existe una predisposición a la locura, esta no se ha desarrollado, y los dos que ni ha existido antes durante la ejecución del hecho, ni con posterioridad, que Galeote tiene el uso de la razón, y ha obrado con conciencia de los actos que practicaba y con perfecto conocimiento del bien y del mal; y por último, que el hecho por el cometido se explica por tener una falsa idea del honor como la que tienen los duelistas y los revolucionarios.

Resultando que si bien el procesado es de un carácter irascible y violento, razona con seguridad y tiene conciencia de las acciones que ejecuta; que en todas las iglesias en que ha celebrado misas y todos sus superiores que le han concedido licencia para celebrarlas, le han considerado apto para el desempeño de sus funciones, sin que hayan dudado nunca de que sus facultades mentales estaban expeditas; que sus cartas revelan que está en uso de su razón, y que tiene voluntad para dirigirse a su objetivo y emplear los medios que considera necesarios para conseguirlo; y que a pesar de haber sido el honor el pretexto de su modo de obrar, se han desarrollado sus pasiones a consecuencia del interés, como se deduce de sus cartas y en especial de la de trece de abril último y de que se conformaba siempre con cualesquiera cargo seguro, con tal que le produjeran tanto o más que lo que recibía en la Capilla del Santísimo Cristo de la Salud, extremos que revelan que obró con conciencia al ejecutar el delito y en el uso expedito de sus facultades mentales, lo cual declaramos probado.

Resultando que la Sala de lo Criminal de la Audiencia de esta Corte, declaró que los hechos constituyen el delito de asesinato calificado por la circunstancia agravante de alevosía, y el de atentado a la Autoridad, de que es autor el procesado Don Cayetano Galeote y Cotilla y apreciando además la circunstancia también agravante de premeditación conocida, y aplicando el artículo noventa y las reglas tercera y sexta del ochenta y dos del Código, le condenó a la pena de muerte con las accesorias correspondientes caso de indulto si no se remitieran en este, indemnización y costas.

Resultando que admitido de derecho el recurso y remitida la causa a esta Sala, la defensa del procesado le ha interpuesto por quebrantamiento de forma y por infracción de Ley, fundándolo en el primer concepto en el caso primero del artículo nuevecientos once, en relación con el nuevecientos doce de la Ley de Enjuiciamiento Criminal por cuanto solicitada como diligencia de prueba la declaración de dos testigos residentes en Puerto Rico que habían presenciado hechos singulares y característicos y que podían decidir la cuestión única del proceso o sea el estado mental del reo, la Sala sentenciadora la desestimó y de esta denegación se dedujo en tiempo y forma la oportuna protesta.

Y el recurso de casación por infracción de Ley, lo funda en los casos tercero y quinto del artículo ochocientos cuarenta y nueve de la referida Ley de Enjuiciamiento Criminal y cita como infringidos:

Primero.–El artículo primero del Código Penal, que supone necesariamente la voluntad para cometer delito, y cuya infracción resulta desde el instante en que los hechos probados atribuyen al reo el propósito de asesinar, sin decir nada relativo al de cometer atentado y se estima un delito en que se reconoce que no ha pensado el reo.

Segundo.–El párrafo segundo del artículo doscientos sesenta y tres del mismo Código, porque el atentado que en él se decide constituye un delito especial, incompatible con el de asesinato deliberado y alevoso que estima la sentencia conforme con los hechos probados, y como el propósito del procesado, según dicha sentencia, era el de asesinar, queda excluido el atentado, el cual, por otra parte, si hubiera de estimarse siempre que hay asesinato u homicidio de una autoridad, se daría el absurdo de estimarlo como necesario para cometer el asesinato.

Tercero.–El artículo noventa del mismo Código, que se aplica como consecuencia de haberse calificado el delito de asesinato y de atentado, aplicación hecha indebidamente por cuando este, según se ha dicho, no fue medio necesario para cometer aquel.

Cuarto.–El número séptimo del artículo décimo de dicho Código, aplicado también indebidamente, porque faltan todas las circunstancias que se exigen para la apreciación de la agravante de premeditación.

Quinto.–El caso séptimo del artículo noveno, por no haberse apreciado, cuando los hechos probados acreditan que existían en el reo la obcecación y el arrebato; y

Sexto.–El caso segundo del artículo décimo del repetido código, aplicado indebidamente, porque los hechos probados no demuestran que haya habido traición ni que obrase sobre seguro, sino por el contrario el reo cometió el delito sin pensar en la retirada, el se la cerró por todas partes, en medio de una multitud llena de respetos y simpatías a la víctima, a esta hizo llegar noticia, muchas veces antes del suceso, de su propósito, y no hizo resistencia, todo lo cual destruye la calificación de alevosía.

Visto: siendo Ponente el Magistrado Don Ángel Gallifa

Considerando que el fundamento de casación por quebrantamiento de forma, expuesto en primer término por la representación del procesado, consiste en haber denegado la Sala sentenciadora una diligencia de prueba, referente a la declaración de dos testigos residentes en Puerto Rico, sobre ciertos actos singulares y característicos observados en el Presbítero Galeote, durante su estancia en aquella Isla que, a juicio de la defensa, podían decidir la cuestión del estado mental del procesado.

Considerando que habiéndose solicitado por la expresada representación y admitíose por la Sala varias diligencias de la propia índole que la desechada, y más directamente encaminadas a la prueba del estado de las facultades mentales de Galeote, es indudable que el Tribunal a «quo», obró con acierto, y no quebrantó en manera alguna la forma del procedimiento con la denegación de un medio verdaderamente innecesario e impertinente y cuyo principal objeto cabía entender que fuese el de dilatar la sustanciación de esta causa.

Considerando, en cuanto a los motivos de casación por infracción de Ley, que los tres primeros alegados tienden a demostrar respectivamente la falta de voluntad en Galeote de cometer atentado, la incompatibilidad de este delito con el de asesinato, y por último la existencia de un solo delito en el hecho de autos, con las infracciones de los artículos primero, doscientos sesenta y tres y noventa del Código Penal vigente.

Considerando que al esperar y acometer el Presbítero Galeote al Obispo de Madrid, llevado aquel del deseo de vengarse de los supuestos desaires, desatenciones y ofensas que pretendía haber recibido del último, es por todo extremo indudable que obró con pleno conocimiento de que el esperado y agredido era la primera autoridad eclesiástica de la Diócesis, y en consecuencia que cometió el delito de atentado, al propio tiempo que el que constituía la muerte que resultó de las lesiones producidas al reverendo prelado.

Considerando que el delito de atentado está muy lejos de ser incompatible con el de asesinato, como se pretende, y que aquel y este delito se cometen juntamente en un mismo hecho, siempre que a una persona constituida en autoridad y cuya circunstancia no ignora el agresor, se causa la muerte con alguno de los elementos o circunstancias cualificativas, de la manera que se ejecuta el doble delito de atentado y lesiones, según la reiterada jurisprudencia de este Supremo Tribunal, en los casos complejos tan comunes de ser heridas las personas que ejercen autoridad o sus agentes.

Considerando que, dada la comisión conjunta de los referidos delitos en un solo hecho, es imprescindible la aplicación de la doctrina establecida en el artículo noventa del Código Penal, y en tal concepto no tiene tampoco apoyo alguno el supuesto de la infracción que se ha aducido como tercer motivo del actual recurso.

Considerando, en orden al cuarto fundamento sobre la circunstancia de premeditación, que todos los actos de Galeote, relacionados con el delito de autos que precedieron al mismo y se consignan oportunamente en la sentencia reclamada, como la amenaza dirigida al Obispo en la carta del trece de abril, el hecho de haber ido después a buscarle a su paseo ordinario con una arma de fuego y con siniestro propósito, y en especialidad los que tuvieron lugar en la mañana y sitio del suceso, elegidos ex profeso para efectuarlo con las mayores probabilidades de seguro éxito, denotan de la manera más palmaria la reflexiva meditación con que el mencionado Presbítero preparó el hecho referido, y evidencian, por lo tanto, la existencia de la indicada circunstancia agravante de premeditación conocida, señalada en el número séptimo del artículo diez del Código, y debidamente aplicada en la sentencia de que con repetición se deja hecho mérito.

Considerando, respecto al quinto motivo alegado por la defensa de Galeote, que no hay hecho alguno en el fallo recurrido, del cual lógica y legalmente pueda deducirse, como sería necesario, la circunstancia atenuante de haber obrado el reo por estímulos poderosos que naturalmente le produjeran arrebato y obcecación, pues ni los supuestos agravios, ligeramente imaginados por aquel Presbítero, podrían estimarse como causa natural y poderosa para arrebatarle contra el inofensivo Prelado, ni semejante estado de pretendida obcecación es compatible con la fría y deliberada reflexión con que el culpable procedió en todos los enunciados actos preparatorios de los delitos de atentado y asesinato.

Considerando, en punto al sexto y último fundamento, según el orden en que han sido enumerados, que la actitud significativa de esperar Galeote, confundido entre la multitud, vestido de traje talar y armado de un revolver a las puertas de la Catedral, y el disparar a quema-ropa instantáneamente tres tiros contra el Obispo, al llegar este en aquel día solemne a las gradas del templo, puesto, sin duda, el pensamiento en la sagrada misión de su elevado ministerio, y ajeno, por consiguiente, a toda idea y temor de criminales asechanzas, revelan por modo evidente el hecho de haber obrado a traición y sobre seguro, en el genuino sentido de este concepto jurídico, y así mismo empleado medios, modos o formas en la ejecución del delito que tendían directa y especialmente a asegurarla sin riesgo para la persona del ofensor que procediera de la defensa que pudiera hacer el ofendido, que son literal y esencialmente los términos y elementos característicos de la alevosía, circunstancia habida en cuenta con recto criterio y aplicada con notorio acierto por la Sala sentenciadora.

Considerando que aunque en el presente caso no fuera de apreciar la existencia del delito complejo, que tan concluyentemente queda demostrada, y que hace imponible la pena en grado máximo, correspondería igualmente su aplicación en dicho grado por la concurrencia, sin atenuante de ninguna especie, de las circunstancias agravantes cualificativa y genérica mencionadas.

Considerando, en virtud de los precedentes razonamientos, que el Tribunal sentenciador no ha incurrido en los errores de derecho, ni cometido las infracciones legales que se han expuesto por la precitada representación de Galeote, y últimamente que examinada la causa con todo detenimiento, esta Sala no ha encontrado motivo alguno de casación, ni por infracción de Ley, ni por quebrantamiento de forma Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de casación por ninguno de los motivos expuestos por la representación de Don Cayetano Galeote y Cotilla, ni por otra causa  alguna, contra la sentencia dictada por la Sala de lo Criminal de la Audiencia de esta Corte, condenando en las costas al procesado y a su tiempo comuníquese esta resolución a la Sala sentenciadora, y pasen previamente los autos al Señor Fiscal, a los efectos del artículo nuevecientos cincuenta y tres de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid, e insertará en la Colección Legislativa, sacándose a efecto las copias necesarias, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.–Entre líneas-tres-vale.

Firmas.
Publicación.–Leída y publicada fue la anterior sentencia por el Excmo. Señor Don Ángel Gallifa, Magistrado del Tribunal Supremo, celebrando audiencia pública en Sala Segunda, en el día de hoy de que certifico como Secretario Relator de ella, Madrid diez y seis de diciembre de mil ochocientos ochenta y seis.

  1. El día de los hechos, la instrucción y la calificación

  2. Primera Sesión del juicio Galeote

  3. Segunda Sesión del juicio Galeote

  4. Tercera Sesión del juicio Galeote

  5. Cuarta Sesión del juicio Galeote

  6. Quinta Sesión del  Juicio Galeote

  7. Sexta Sesión del Juicio Galeote

  8. Discursos. Última palabra

  9. La sentencia

  10. Recurso ante el Tribunal Supremo

  11. Final