La proclama de Torrijos, un obelisco en Málaga y una carta en el Congreso

Existe en la ciudad de Málaga un obelisco que se alza hacia el cielo señalando la inmortalidad de aquellos que descansan bajo el mismo. Es el monumento de la plaza de la Merced dedicado a José María de Torrijos y sus compañeros fusilados, sin juicio previo alguno, en las playas de Málaga en diciembre de 1831. Intentaron un levantamiento o rompimiento del régimen absolutista implantado por el ominoso monarca Fernando VII tras acabar con el Trienio Liberal del general Riego y anular cualquier rastro de reformas en el sistema.

Obelisco a los liberales liderados por Torrijos ejecutados en Málaga 11 de diciembre de 1831

«Artículo Primero. Son nulos y de ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional (de cualquiera clase y condición que sean) que ha dominado mis pueblos desde el día 7 de marzo de 1820 hasta hoy, día 1° de octubre de 1823, declarando, como declaro, que en toda esta época he carecido de libertad, obligado a sancionar las leyes y a expedir las órdenes, decretos y reglamentos que contra mi voluntad se meditaban y expedían por el mismo gobierno (…)». Gaceta de Madrid, 7 de octubre de 1823. Decreto del 1 de octubre de 1823.

Este escueto decreto de 1 de octubre de 1823 marcó el inicio de la represión y depuración de los liberales que, en su gran mayoría, se exiliaron de España hacia Francia o Inglaterra, mientras que otros ocultaron sus ideologías apoyando desde dentro a los exiliados.

José María de Torrijos, general del ejército, héroe de la Guerra de Independencia española, optó por el exilio ya que había pasado dos años preso, primero, en el castillo de Santa Bárbara de Alicante y, después, en el palacio de la Inquisición de Murcia por participar en el pronunciamiento de Juan Van Halen en 1817 que pretendía restablecer la Constitución de 1812. Fue liberado tras el triunfo del pronunciamiento de Riego en 1820, teniendo una importante participación en el gobierno formado durante el Trienio Liberal y, por lo tanto, mantenerse en España tras la caída de Riego era una temeridad. Su destino en el exilio fue Inglaterra donde sus ideales progresistas fueron apoyados para preparar en 1831 un pronunciamiento que acabara con el reinado absolutista de Fernando VII.

Retrato de José María de Torrijos. Autor Duque de Rivas. 1825

Las ideas liberales quedan perfectamente definidas en las proclamas que fueron publicadas y distribuidas por España para preparar el apoyo ciudadano de estos liberales liderados por Torrijos y conseguir su ansiada Revolución liberal o burguesa conforme a la francesa de 1830 extendida por toda Europa. Aunque, también, eran conscientes el enorme riesgo que corrían a la vista de las ejecuciones de liberales como las de 1829 en Oporto tras el fracaso de la revuelta contra el rey Miguel I. Reproducimos la proclama de 20 de mayo de 1831 cuya autoría se atribuye a José María de Torrijos y a Manuel Flores Calderón:

La proclama de Torrijos de 20 de mayo de 1831

«Españoles: Cuando el Universo entero sacude con energía las pesadas cadenas del despotismo y de la tiranía fanática: cuando Francia ha dado una lección al mundo derrocando al verdugo de sus pueblos, a pesar de sus mercenarias tropas arrolladas solo con piedras y garrotes, vencidas y derrotadas por el valor denodado de los libres: cuando la Polonia no ha temido elevarse con solo tres millones de habitantes contra todo el poder colosal de la Rusia: cuando Italia renueva sus esfuerzos para arrojar los esclavos de la Alemania: cuando la América y aun los negros salvajes han domado y triunfado de las aguerridas tropas de Europa y han adquirido su libertad e independencia, y en fin, cuando hasta los Turcos se levantan ya para abatir el poder insufrible del Sultán ¿sois vosotros solos los que abatidos, encorvados, y al parecer gustosos arrastráis las cadenas y lleváis el sello de la ignominia y de la cobardía en vuestros rostros y frentes?, ¿y por qué? Porque desde que desapareció de España el lucero brillante de la libertad, os han adormecido, engañado y sujetado a su carro los Señores y los Frailes, los holgazanes y los orgullosos!! ¡Ellos abundan en bienes, en comodidades, en vicios, en regalos, en inmoralidad y en hipócrita virtud solapada cuando solo conocen la ambición y la desvergüenza!!! ¿Qué hacéis pues españoles ¿esperáis que vengan extranjeros a darnos libertad para deshonra vuestra ¿esperáis que estas hordas de autómatas esclavos que solo piensan en sus vanos e idiotas privilegios, cintillas y cruces insignificantes, levanten sus bayonetas como los Suizos contra el tirano para librar a los pueblos, a sus amigos, hermanos y parientes del yugo férreo que arrastran, y libertarlos de esas horrorosas prisiones en que se les sepulta sin forma de juicio, ni proceso, de esos cadalsos arbitrarios, de esos Magistrados envilecidos y deshonrados, de esos militares tan déspotas como ignorantes y cobardes? ¿No amáis ya vuestra patria? ¿Os arredran las traiciones de unos pocos y la cobardía de otros muchos?

Pues no: ya es llegado el momento y debéis aprovecharlo con valor. Arrancad las armas de las manos de esos verdugos nacidos por desgracia en España, y que ni aprecian su país, sus familias, ni su honor. Al ver a los libres dar el grito que va a resonar por toda la España marchad con energía, y en pocas horas respiraremos libres. El momento se acerca, ya llega la hora, nuestra conducta con nuestros enemigos será la que ellos observen con nosotros. No queremos venganzas, los que se nos unan conservarán sus empleos y serán atendidos y ascendidos, con los que se nos oponga; obraremos como ellos obraren. Ciudadanos patriotas; virtuosos Eclesiásticos; Magistrados ilustrados; Militares españoles; Soldados de la libertad; Artesanos honrados; Hijas de la patria; a todos os invocamos: ayudadnos a salvar la patria, o a perecer por ella en su defensa. Está visto; en los Borbones nada hay que esperar jamás sino perjurios, vicios, crímenes, desgracias, opresión, sangre, despotismo y ruinas. El Rey nos ha engañado hartas veces; hagámosle ver que los Españoles tenemos aún valor, resolución, vergüenza, y que si sabemos respetar al hombre Rey, sabemos también a imitación de nuestros abuelos darle un puntapié si se sobrepone a las leyes, y gobernarnos como queramos. Libertemos a España de tantos tributos y contribuciones: tenga honor el pabellón: vivan todas las clases: respiremos libertad. —20 de mayo de 1831» Causas, t. V, p. 277. Un «Manifiesto a la Nación», impreso, de Flores Calderón y Torrijos, en AHN. El ms. se encuentra en la Biblioteca Municipal de Madrid.

Traición, fracaso y fusilamiento de Torrijos y sus compañeros liberales

Durante el exilio de José María de Torrijos en Inglaterra recibe el apoyo económico de liberales ingleses y toma la determinación de encabezar el pronunciamiento que haga saltar el régimen absoluto en España junto con el ex presidente de Cortes Manuel Flores. Tras meses de preparación y empujados por el triunfo de la Revolución en Francia, Torrijos y sus hombres deciden establecerse en Gibraltar. Junto a ellos el irlandés Robert Boyd, quien había participado en la Guerra de independencia de Grecia, y ahora, en la liberación de la tiranía en España.

Desde el peñón desarrollan el plan para entrar en alguna población de la costa andaluza, finalmente, confiando en un antiguo compañero, el gobernador de Málaga, Vicente González Moreno, José María de Torrijos decidirá desembarcar en las playas de Málaga, imaginando un gran apoyo a su causa, si bien al divisar la costa de la ciudad son atacados sorpresivamente por un navío, huyen, bajan a tierra hasta que son detenidos el 4 de diciembre consumando la traición del gobernador. Encarcelados en el Convento carmelita de San Andrés de Málaga, serán fusilados el 11 de diciembre de 1831 en la cercana playa de San Andrés por el delito de alta traición y conspiración contra los sagrados derechos de la soberanía de S.M tal y como reza la Gaceta Extraordinaria de Madrid de 15 de diciembre de 1831 conforme a lo previsto en el artículo 1 de citado Decreto del 1 de octubre de 1823, donde se citan los nombres de los fusilados. La eliminación de los liberales fue una noticia sonada en toda Europa.

El obelisco de la plaza de la Merced, el cuadro de Gisbert y una última carta

Muerto el rey Fernando y bajo la regencia de Espartero por la minoría de edad de la reina Isabel II, los liberales buscaron la rehabilitación de aquellos hombres. Será decidido construir un monumento en la ciudad de Málaga que fue inaugurado el 11 de diciembre de 1842. Es el obelisco de la plaza de Riego, hoy de la Merced de Málaga, por suscripción popular, donde fueron llevados los restos de Torrijos y los liberales fusilados en 1831 desde el cementerio de Málaga a excepción de Boyd que sigue enterrado en el cementerio inglés de Gibralfaro. En él descansan 48 de ellos, aunque precisa la Gaceta extraordinaria que fueron 52 los pasados por las armas.

«A la vista de este ejemplo, ciudadanos, antes morir que consentir tiranos. El martir que transmite su memoria, no muere sube al templo de la gloria»

Momumento a Torrijos y sus compañeros

Citamos algunos de los liberales ejecutados aquel día: José María de Torrijos a la edad de 40 años, Robert Boyd con 26 años, Juan López Pinto de 42 años, amigo de la infancia de Torrijos, coronel de Cartagena, Francisco de Borja Pardio combatiente en la Guerra de Independencia, Manuel Flores Calderón 55 años presidente de las Cortes durante el Trienio Liberal, Francisco Fernández Golfín 64 años diputado, fue uno de los firmantes de la Constitución de Cádiz de 1812.

En 1888 el pintor Gisbert realizó por encargo del gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta el impresionante cuadro que representa aquellos fusilamientos, recordando la defensa de las libertades de aquellos hombres. Será su obra maestra. Torrijos en el centro dando la mano a Francisco Fernández Golfín con venda y a Manuel Flores.

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga. Gisbert. Museo del Prado

Poco antes de morir y durante el tiempo que José María de Torrijos pasó detenido en el convento de Nuestra Señora del Carmen o de San Andrés de Málaga hizo testamento ante notario y escribió su última carta dirigida a su esposa Luisa Carlota Sáenz de Viniegra, documento de enorme valor que nos adentra en la gran personalidad y entereza de José María de Torrijos en sus momentos finales antes de morir por sus ideales. Recomendamos escuchar la carta con la magnífica locución de Javier Jiménez:

«Málaga, convento de Ntra. Sra. del Carmen, el día 11 de diciembre de 1831 y último de mi existencia.

Amadísima Luisa mía: Voy a morir pero voy a morir como mueren los valientes. Sabes mis principios, conoces cuán firme he sido en ellos y al ir a perecer pongo mi suerte en la misericordia de Dios, y estimo en poco los juicios que hagan las gentes. Sin embargo con esta carta recibirás los papeles que mediaron para nuestra entrega, para que veas cuán fiel he sido en la carrera que las circunstancias me trazaron y que quise ser víctima para salvar a los demás. Temo no haberlo alcanzado, pero no por eso me arrepiento. De la vida a la muerte hay un solo paso y ese voy a darlo sereno en el cuerpo y el espíritu. He pedido mandar yo mismo el fuego a la escolta: si lo consigo tendré un placer y si no me lo conceden me someto a todo, y hágase la voluntad de Dios. Ten la satisfacción de que hasta mi último aliento te he amado con todo mi corazón. Considera que esta vida es mísera y pasajera y, que por mucho que me sobrevivas, nos volveremos a juntar en la mansión de los justos, a donde pronto espero ir, y donde sin duda te volverá a ver, tuyo siempre hasta la muerte.
José María de Torrijos.

P. D. Recomiendo a sir Thomas (Dyer Baronet), a mi abuelo (el general Lafayette) y al griego (el general Fabvier) y a todos, todos mis amigos que te atiendan, te consuelen y protejan considerando que lo que hagan por ti lo hacen por mí. Te remito por Carmen (su hermana) el reloj con tu cinta de pelo, única prenda que tengo que poderte mandar. También te enviará Carmen lo que le haya sobrado de quince onzas que tenía conmigo. Carmen se ha portado perfectamente. Adiós, que no hay tiempo. El te dé su gracia, y te dé fortaleza para sufrir resignada este golpe. Por mí no temas. Dios es más misericordioso que yo pecador, y tengo toda, toda la resignación, y toda la fuerza que da la gracia»

Está carta en la actualidad se encuentra expuesta en el Congreso de los Diputados de España.

«Son muchos los que pasan frente a ella cada día que se celebra una sesión, pero la premura del presente, la de cada día, hace que apenas nadie repare en su presencia. Hoy las gestas de estos liberales, entre los que la Historia ha reservado un lugar de honor a José María de Torrijos y Uriarte, están acalladas por la liquidez de nuestros días, por el tumulto de la política, por el incesante goteo de las noticias, pero aún hoy puede resonar, si alguien se toma el tiempo necesario para escucharlo, el eco de la lucha por la libertad, pues somos en gran medida deudores del sacrificio de estos liberales.»

Virginia Ramírez Martín
Última carta de José María de Torrijos a su esposa

Desde 2002 existe en Málaga una asociación para potenciar la memoria de los liberales fusilados. En 2014 fue inaugurado un nuevo hito en el cementerio de Málaga dedicado a Torrijos. Se está restaurando el ruinoso convento de San Andrés en Málaga para instalar un centro de interpretación de los hechos y últimas horas de Torrijos. En 2019 el Museo del Prado inauguró una exposición llamada Una pintura para una nación. El fusilamiento de Torrijos.

Más información y fuentes:

Torrijos y Málaga. La última tentativa insurreccional de Torrijos y sus compañeros (1831). – Irene Castells Oliván. Pdf

http://www.torrijos1831.com/

Memoria de los liberales españoles en las Cortes: El caso de la carta del General Torrijos. Virginia Ramírez Martín. Pdf

José María de Torrijos y la teorización del político romántico a través de Napoleón Bonaparte. Manuel Alvargonzález. Pdf