Proceso Galeote. El Juicio. Quinta Sesión 4/10/1886

QUINTA SESIÓN  4/10/1886 LUNES

“Lo desapacible del tiempo ha hecho retirar a los pocos curiosos que no han podido librarse de la lluvia bajo el Palacio de las Salesas. Los favorecidos son menos; pero el público es más selecto, adecuado al espectáculo médico filosófico que hoy nos preparan los médicos alienistas.
Muchas señoras. La condesa de Tumury, la señora y señorita da Gil, la linda niña Matilde Salcedo y su mamá, con otras bellas y elegantes señoras y señoritas, forman un cuadro encantador.
La Academia de Medicina y la de Jurisprudencia han mandado distinguida y numerosa representación. “

asesinato obispo diario aleman (2)

En dos habitaciones próximas al tribunal se halla la familia de Galeote.
En la primera; su hermana, acompañada por doña Tránsito; en la segunda el  hermano del procesado, que pertenece al cuerpo de la Guardia civil, y el cual pidió, y obtuvo desde el primer día, el permiso para formar parte de la escolta que conduce diariamente a Galeote desde la Cárcel Modelo a presencia del Tribunal.

A la una y veinte ocupa el tribunal su puesto, y los suyos respectivos el fiscal, el abogado defensor y el secretario de la Sala.
Cinco minutos después entra en la sala el procesado. En su mano nerviosa agita varios papeles.
El escándalo que se produce al abrirse las puertas al público es mayúsculo. Los guardias civiles, los de orden público y ujieres no pueden contener una masa compacta que se precipita en el salón, causando gran alboroto y rompiendo los bancos, por encima de los cuales saltan los más ansiosos.
Restablecida la calma, intenta hablar el procesado. La presidencia le obliga a guardar silencio.

Galeote.— Protesto contra todo y contra todos. Mi defensor me hará el favor de entregar esta protesta al tribunal (arrojándole un documento) para que se una a los autos. Con este contenido: 

—«Excmo. Sr. Presidente de la Audiencia:
«Presbítero Cayetano Galeote a V. E. respetuosamente expone: Que no está conforme con la celebración del juicio oral, por las siguientes infracciones: Por las pocas y deficientes preguntas, tanto del defensor como del fiscal a los testigos y al exponente, porque no son hechas ni encaminadas al esclarecimiento de la verdad y hechos sustanciales de mi causa; porque no se me ha permitido hablar y contestar con la oportunidad necesaria para aclarar con perfecto orden todos los sucesos; porque con la forma irregular con que han sido llamados los testigos, el laconismo, deficiencia y falsedades de sus declaraciones, no se puede formar verdadero ni justo juicio de mi causa; porque no se me ha permitido un minucioso careo con mis contrarios para aclarar con el debido orden y oportunidad las falsas y deficientes declaraciones verbales que carecen de todo valor porque no tienen ni presentan documentos que las justifique, como yo justifico noblemente las mías como hombre que ha obrado con honradez y lealtad; porque las pretensiones que en algunos momentos he oído de considerarme como loco, las considero un recurso premeditado de altas influencias para cubrir las responsabilidades y crímenes de mis contrarios, con el fin de salvar en lo posible el principio de una autoridad neroniana.
»Pido a la sala, señor presidente, me permita la defensa justa y razonada que exijo y tengo derecho a exigir, para que al menos el público pueda juzgar la honra y dignidad del exponente, que obró como Dios mandaba; caso de que la sala no estime acceder a mis justas y santas reclamaciones, protesto con toda mi alma contra tantas irregularidades, que han quitado y quitan toda la sustancia, fuerza y valor del juicio; y en el supuesto caso de que no sean atendidas estas justas y santas reclamaciones, sea este documento unido al sumario de mi causa por si el defensor, para cubrir fórmulas, acudiese a otro tribunal.
 Justicia que pido a V. E., cuya vida guarde Dios muchos años.—
Madrid 4 de Octubre de 1886.
—Excmo. Señor. —Presbítero Cayetano Galeote.»—

Peritos alienistas

D. Francisco Isasa, médico forense, Escuder, D. Jaime Vera, D. Luis Simarro, Lozano y el señor Bustamente.

El defensor agradece la deferencia, de la Sala al admitir la prueba pericial de los alienistas

Peritos de la defensa (Simarro, Vera y Escuder)

Perito D. Luis Simarro

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Luis Simarro. 1897. Oleo Joaquin Sorolla. Legado Luis Simarro, Fundacion General. Universidad Complutense

El defensor pregunta al perito que manifieste las observaciones que haya hecho en el procesado Galeote y los medios de que se haya valido.
Perito.—Dice que antes de recibir el encargo de emitir juicio sobre el estado mental  de D. Cayetano había ya formado ya juicio clínico preliminar. He prescindido, dice, de todo sentimiento, pasión e interés. Además de los procedimientos ordinarios había que recurrir a medios más exactos, no solo para formar convicción, sino para reunir datos objetivos que sirvieran de convicción también a los demás médicos. Al efecto el pulso ha sido pintado gráficamente en el papel por el esfenógrafo. Creí se trataba de una enfermedad mental degenerativa con dos aspectos: el antropológico y el clínico. El primero ha sido objeto de estudio según los procedimientos de Broca. He hecho la medida del cráneo dos o tres veces con ayuda del doctor Olóriz.

Los datos hereditarios son también elemento del juicio alienista. El Sr. Escuder ha hecho un viaje al lugar de nacimiento de Galeote, y se han examinado más de cien personas de la familia del procesado. Respecto a los datos clínicos, se acudió a especialistas del oído y de la vista. Tengo en cuenta las deformaciones somáticas, los datos hereditarios y estado mental permanente. La locura es de tres clases: clásica, típica o hereditaria, y la tercera la dependiente de las alteraciones del cerebro. El idiotismo, la imbecilidad, la debilidad degenerativa y la anomalía intelectual, son grados de la locura hereditaria.
Galeote está en el tercer grado, o sea la debilidad degenerativa. El cráneo es más pequeño que el normal. La proyección de la cara del cráneo anterior y del posterior revela que tiene microcefalia y braquicefalia. El cerebro no cubre bien al cerebelo, como en las personas bien desarrolladas. La disposición de la bóveda palatina y la de los conductos auditivos, indica que la base del cráneo está alta. El cráneo es pequeño. En la cara hay asimetría de las facciones. Tiene cuatro muelas del juicio, lo cual es prueba de degeneración.
Tiene desarrollada la mandíbula inferior. El corazón es pequeño en cuanto se puede apreciar por la percusión, los vasos vasculares son anatematosos. Este dato concuerda con otro dato de su retina, cual es la alteración de la vena central.
El 85 por 100 de las veces se presentan estas lesiones degenerativas en los casos de locura hereditaria degenerativa. Cuando se presentan datos o estigmas, son sugestivos sí se presentan solos y confirmativos si se presentan acompañados, los degenerados ofrecen una reversión del tipo humano. Los estigmas son más graves en las escalas inferiores. Los estigmas degenerativos observados ponen al enfermo en la categoría de débiles degenerados. Entre los síntomas somáticos y anatómicos y los síntomas mentales, hay síntomas intermedios de perturbaciones en las funciones de la vida orgánica. El enfermo tiene dificultad de pronunciar y cierto ceceo.

Dice el redactor del diario la Unión (¿Entonces, Sr. Simarro, los andalaces estarán todos locos?)

También la sordera es un síntoma de locura.
Vengo ahora a los síntomas del estado mental en que se ocupa la Psiquiatría. En orden a las emociones tiene inestabilidad; sus emociones se dispersan como una especie de automatismo, lo cual es una convulsión degenerativa; ésta lleva a un agotamiento degenerativo. Su sistema nervioso es como una máquina de reacción convulsiva que dispara con prontitud sus emociones.
El enfermo obra muchas veces antes de pensar o coetáneamente al pensamiento. El enfermo tiene pocas ideas, pero con excesiva claridad. Las ideas son unilaterales.

La teoría del enfermo sobre el honor es de una claridad trasparente. Carece, en una palabra, de reflexión suficiente. Estos enfermos conservan casi siempre una memoria prodigiosa, llenando al parecer el vacío de la reflexión, lo cual origina una intensidad y fácil reproducción del recuerdo.
Las enfermedades son más o menos graves, según la predisposición. En las hereditarias degeneradas, se presentan con más frecuencia las enfermedades mentales. La enfermedad mental que se ha presentado en Galeote es el delirio de la persecución. Los locos degenerados son atípicos en sus síntomas o irregulares en la marcha de la enfermedad y tienen una especie de vacunación en la locura. 
El enfermo comienza sintiéndose perjudicado y contrariado. Se va concentrando y limitando, y llega a atribuir el perjuicio que él siente a personas determinadas, individuales o morales, naturales o sobrenaturales. Es regla natural de la inteligencia, atribuir a causas exteriores lo que interiormente acontece. Esta faz se llama delirio puerulante y busca siempre una satisfacción. Este delirio considera imposible la satisfacción y lleva a la locura suicida, otras veces se fija en una persona y la mata, y otras veces busca el escándalo. El enfermo no ha tenido alucinaciones antes del delito, sino después de ejecutado. El diagnóstico lo hemos tomado de la clasificación clásica de Schuley; es paranoia primitiva persecutoria.

Defensor.—¿Ha asistido el perito a locos de esa clase, inspirados por el delirio de persecución?
Perito.—Sí; esto es clásico en los manicomios.
D.— ¿ Se puede distinguir la locura fingida de la real?
P.—Sí. En primer lugar hay datos objetivos que no se pueden fingir como los datos somáticos y los de la herencia, y además los tipos del delirio son conocidos y es preciso que fuera alienista y conociera perfectamente la teoría del mecanismo del delirio quien fingiera, y así tal vez seria difícil distinguir la locura real de la fingida.
Fiscal.—¿Desde cuándo cree el perito que el procesado ha tenido ese delirio de persecución?
P.—Probablemente comenzaría cuando en él empezó la preocupación del perjuicio y de confabulación contra sus intereses.
F.—¿Cree el perito que en el momento de cometer el delito el procesado tenía las ideas de bien y mal?
P.—En el sentido de lo que el reo creía su bien lo que iba a hacer, sí; pero en el sentido de lo racional, no.
F.—¿En las locuras de delirio hay intervalos de razón?
P.—Dice que hay locuras intermitentes; pero que respecto al enfermo Galeote no ha observado si existen esos intervalos, y no los cree posibles. Manifiesta que en realidad no hay locuras generales y parciales, sino delirios generales y parciales.
F.—¿Dónde cree el perito que reside la locura del delirio?
P.—Sobre esto hay teorías, pero lo más probable es que haya lesión en el cerebro.

Perito José María Escuder y Jiménez 

Contestando a la defensa dice que no tiene pasión de escuela ni de clase. Los tres médicos que aquí estamos—dice—-hemos de considerar la faz antropológica, clínica y psicológica. Voy al aspecto psíquico. Basta oír y ver al procesado para comprender que en él hay algo anómalo. Orejas desviadas, boca abierta, posición anárquica de sus dientes; no corresponde la cabeza al pacho, no existe relación entre los superiores miembros y los inferiores y otros desacuerdos somáticos, se notan en Galeote, y revelan la degeneración. En el alma del procesado se observa tumulto, desorden y desequilibrio en sus ideas y sentimientos.
De pequeño fue enteco. Su juventud fue agitada. Su padre le dedicó a la carrera eclesiástica, porque no servia para el trabajo

Apunta el redactor del diario la Unión: ¿qué es eso, Sr. Escuder, no es trabajo el trabajo intelectual?

Dice que cuando estudió  filosofía Galeote, no pudo dominarla: que tiene sensibilidad termométrica, es congestivo e irritable, y tiene eructos, espasmo y gastralgias.
Voy a los datos hereditarios de su familia. Es común en su familia el tifus. Galeote lo tuvo con delirio. Perdió la fuerza moral. Hubo un desmayo en su voluntad, algo así como una atrofia del cerebro. No diré nada de su vida en Málaga, VelezMálaga, el Peñón y Puerto-Rico. En Madrid vivía en una lucha constante entre su deber y sus pasiones. Sin ser hipócrita, se veía obligado a hacer lo que no sentía. A cada instante le asaltaba la idea de que le pudieran dejar sin comer. Espiaba las miradas de sus compañeros sacerdotes, de los cuales sospechaba que codiciaban su plaza.
Sospechó del capellán del duque de Medinaceli. Esto era una vida angustiosa de celos y de sospechas, y ahí se iba elaborando su proceso patológico mental (Hace un relato muy extenso en que coge a lo ancho, a lo largo, y a lo profundo, todas las declaraciones, se pone tan pesado y monótono, que verdaderamente la cortesía del presidente es inagotable con él al no interrumpirle).
Consigna que Galeote, como todos los locos, tiene la manía de escribir mucho para que sus escritos y su honra pasen a la posteridad. Su crimen —dice— es irracional y absurdo.
En la familia de Galeote existe una fecundidad horrorosa y he estudiado 163 individuos de la familia; son cinco generaciones y he visto cuatro generaciones vivas, que componen 67 individuos. Dos de la primera generación de Cotilla murieron de apoplejía cerebral.

cuadro familia galeote
Cuadro familia de Galeote

El redactor del diario la Unión: Sigue el Sr. Escuder describiendo las generaciones de Galeote, y citando perláticos, histéricos, escleróticos de la médula, afectos de tisis mesentérica, etc, etc.

La madre del procesado ha muerto de metrorragia. Considera el crimen de Galeote como una consecuencia de su neurosis, de su organismo y de sus enfermedades.
Defensa.—Diga el perito una observación personal que haya hecho del delirio de Galeote, y diga también qué medios hay para distinguir el delirio de la pasión, del delirio de la locura.
Perito. —Fui una noche a la Cárcel Modelo y escuché a Galeote irritarse contra el vacío, contra la nada, contra objetos inertes, como si fueran personas. El arrebato y obcecación del hombre cuerdo se distingue del delirio del loco, porque dicho delirio no tiene causa objetiva ni fundada, mientras que la obcecación o el arrebato del cuerdo responden siempre a hechos reales y tienen causas objetivas.

A otras preguntas del defensor manifiesta que los enfermeros de los manicomios muchas veces con el ojo clínico conocen esto.
Fiscal.—¿El crimen sirve por sí mismo para diagnosticar la locura?
P.—No; si el que obra tiene sana la razón, es criminal; si no, no.

Perito D. Jaime Vera López 

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Jaime Vera, doctor y uno de los fundadores del PSOE

Indica que en el procesado se encuentran por la observancia directa dos elementos: primero, el impulso que le quita el regulador de la razón; segundo, el delirante que le priva del discernimiento y le falsea la conciencia.
Si se observa bien al enfermo se verán en él formas de sensibilidad general exaltadas. A esto corresponde una exageración en el poder psicomotriz del enfermo. No hay proporción entre las impresiones que recibe y las reacciones que desenvuelve. El enfermo es balbuciente y habla con todo el cuerpo. Sus brazos son como martillos unas veces y otras veces como paletas. Sus hombros se suben y se bajan. En el procesado los impulsos a la acción son más violentos que en los hombres sanos. Hay que apreciar, pues, hasta qué punto esa fuerza impulsiva quita el valor a su conciencia y a su libertad.
Unas veces siente la impulsión el enfermo y tiene la conciencia de él. Este no es el caso del procesado. Otras veces solo existe la impulsión como en los epilépticos. El caso de Galeote, clínicamente hablando, debe incluirse en la esfera de una impulsión al servicio de una concepción delirante.
En el corazón de Galeote no hay ni el más leve vestigio de perversión ni de perversidad. Es un hombre pueril, y me comprometo a hacerle llorar y reír en diez minutos diez veces. He observado, añade Vera, en Galeote sensibilidad moral. Tiene un amor religioso a su padre. Tiene el sentimiento de las máximas religiosas. Galeote tiene una gran locuacidad, pero inteligencia mediana. Todo lo que dice no tiene más vínculo que el lenguaje pero sus ideas son inconexas. Un hombre puede estar  profundamente loco sin tener delirio. El sentimiento de consideración personal en Galeote alcanza una hipertrofia, un estado que llena a todo Galeote y sale fuera de él y lo niega, un estado patológico.
Dice el Sr. Vera que en este sentimiento tiene su origen el delirio, que unas veces se traduce en megalomanía (manía de las grandezas) y  en la manía de persecución.
El delirio tiene una característica de oposición entre el mundo subjetivo de la conciencia y el mundo objetivo do los hechos de la realidad. Pero para que haya delirio es preciso que la separación entre lo subjetivo y objetivo no sea accidental, sino permanente. Dice el Dr. Vera que Galeote padeció la angustia vesánica que aplana todos los sentimientos. Galeote, dice, era una pila eléctrica y descargó; después viene el agotamiento de fuerzas y la tranquilidad que algunos llaman cinismo.
El procesado, dice el Sr. Vera, está enajenado y lo estaba antes da cometer el crimen; Las conclusiones del doctor Vera fueron: «Que Galeote no cometió el delito en un momento de lucidez y que la ejecución del acto es un síntoma ligado a su proceso patológico.»

Peritos de la acusación

Sr. Lozano Caparros

Llamado a informar en su cualidad de médico forense acerca del estado mental de Galeote, dice que el procesado no presenta síntoma físico alguno que demuestre su perturbación intelectual ni antes ni después del delito, ni siquiera en el acto de cometerlo.
Los forenses—añade—para cerciorarnos mejor en nuestras observaciones, hemos apelado al doctor Osío para el examen de los ojos de Galeote y al doctor Gómez de la Mata para el examen de los oídos.
Pues bien; ni uno ni otro han visto en Galeote nada que indique la existencia da una perturbación mental, y eso de que tenga tan falsa idea de la justicia que le lleve a tomársela por su propia mano, no indica que esté loco, como no está loco el que, por falsa idea de la justicia, se bate en duelo o predica el derecho de insurrección.

Defensa.—¿En dónde ha estudiado el perito las enfermedades mentales, en qué clínica o en qué manicomio?
Perito.—Los he estudiado en los casos que me han presentado.
D.—Y no teniendo conocimiento especial de las enfermedades mentales, ¿por qué no ha llamado a un alienista para que le informase, ya que para otros estudios se ha valido de especialistas?
Perito.—Si es que el señor abogado quiere que ahora diga paso a paso…
D.—Lo que la defensa quiere es saber qué clase de observaciones ha hecho el perito en la enfermedad de que se trata para formar su criterio.
Perito.— Le voy a indicar primero: Que aunque este perito no da importancia alguna a la forma de la cabeza, cuando no se trata de enfermedades congénitas, tomé medida a la de Galeote, para compararla con otras veinticuatro que poseo, y venía que la de Galeote era de las mejor conformadas.
Segundo que si la herencia es una circunstancia digna de tenerse en cuenta, tampoco es dato seguro de diagnóstico, puesto que si así fuese, ¡¡¡pobre humanidad!!! y tercero que lo que los alienistas llaman estigmas de degeneración, cual es tener dos muelas del juicio, los brazos largos en proporción del cuerpo, dos arrugas en un lado de la cara y una en otro, la mandíbula inferior algo saliente, dos filas de dientes, etc, etc, no son caracteres de diagnóstico; y aunque admitiera que pudieran considerarse como signos probables de locura, me abstendría muy bien de diagnosticar por ellos, siempre que las ideas, los instintos y los sentimientos se dirigieran con arreglo a las leyes de la organización humana, porque diagnosticando por esos caracteres podría ocurrirle lo que al que diagnóstica con seguridad el embarazo cuando la mujer lleva tres meses de signos probables: que lastimosamente se equivocaría infinidad de veces.

Otra larga serie de preguntas y respuestas pone en claro que el perito no ha hecho estudio alguno de enfermedades mentales; pero la defensa renuncia a seguir el interrogatorio, y pide a la Sala que conste que el perito no ha expuesto los medios de observación empleados para estudiar el estado mental de Galeote.

Doctor Isasa

A las preguntas del Fiscal afirma rotundamente que Galeote estaba cuerdo antes del hecho y en el acto de cometerlo y que lo está actualmente; pero que algunas de las manifestaciones que presenta indican claramente que se haya predispuesto a la locura. Hace algunas consideraciones análogas a las de su anterior colega, y al concluir le dirige la defensa algunas preguntas que tienden a poner al perito en la misma situación que al anterior respecto a los estudios clínicos de enfermedades mentales, y termina en este incidente:
Defensa.—La locura de Galeote, ¿es cosa del alma a del cuerpo?
P.— es un examen de frenopatía, y eso creo que no puede hacerlo el abogado.
D.—Llamo la atención de la Sala sobre este incidente, y renuncio a más preguntas.

Los murmullos del público de aprobación para el defensor y de extrañeza por las declaraciones de los dos últimos peritos, coinciden con el fin de la sesión, que duró hasta las siete de la tarde.

  1. El día de los hechos, la instrucción y la calificación

  2. Primera Sesión del juicio Galeote

  3. Segunda Sesión del juicio Galeote

  4. Tercera Sesión del juicio Galeote

  5. Cuarta Sesión del juicio Galeote

  6. Quinta Sesión del  Juicio Galeote

  7. Sexta Sesión del Juicio Galeote

  8. Discursos. Última palabra

  9. La sentencia

  10. Recurso ante el Tribunal Supremo

  11. Final