Juicio del jurado 1895: la Perla de Murcia I. El juicio: 20/11/1895. Primera sesión

Día 1 20/11/1895

A las diez y media han llegado los procesados Vicente Castillo y Josefa Gómez, convenientemente custodiados; la multitud se aglomeraba para verlos. Desde las primeras horas de la mañana, había una numerosa concurrencia ante el Palacio Almudí, local de la Audiencia, para presenciar la vista del proceso.

Palacio Almudí al fondo, Audiencia. Principios siglo XX

Después de las once se ha constituido el tribunal:

  • Componían el tribunal de derecho los señores Magistrados, D. Joaquín Piquer, presidente; D. Joaquín Amo y D. Enrique Gali.
  • El ministerio fiscal estaba representado por D. Andrés Gallardo.
  • Letrados: Representan: la acusación privada, D. Juan de la Cierva y Peñafiel; la defensa de Josefa Gómez, D. Vicente Diez y Miguel; la defensa de Vicente Castillo, D. Luis Llanos; la defensa de Dº Antonio Ruiz Sequier (farmacéutico), D. Vicente Pérez Callejas (Decano del Colegio de Abogados de Murcia) y la de Dº Antonio Martínez (el estudiante que adquirió la estricnina), D. Ricardo Guirao.
  • Secretario: D. Lino Torres

Se declara abierto el juicio por el señor Presidente y este ordena que se presenten los procesados.

Estos toman asiento. Josefa Gómez se presenta con traje oscuro, mantilla a la cabeza y amplio mantón sobre los hombros: su aspecto es de aparente tranquilidad pues se observa que no puede dominar la emoción.

Apenas si mira al auditorio y tiene momentos en que palidece.

Le acompañan sus dos hijos que se sientan a un lado del banquillo. El fiscal pide que los niños se retiren y así lo dispone el presidente. Josefa Gómez demuestra en el semblante su contrariedad.

Vicente Castillo se presenta arreglado con esmero; la barba y la cabeza están peinadas; viste de oscuro con americana; bota negra y con brillo, y su apariencia denota tranquilidad.

Los otros dos procesados se sientan a la espalda de los anteriores en sillas facilitadas por orden de la presidencia.

Se procede al sorteo de Jurados. Hay un incidente entre el Sr. Fiscal y el letrado Sr. Llanos:

El defensor Sr. Llanos pidió que el Sr. Fiscal, conforme se vayan diciendo los nombres de los jurados diga si los acepta o los recusa.
El fiscal Sr. Gallardo dice que así lo hará, pero en el momento que el jurado designado por la suerte pase a estrados y él lo vea.
Al ir a replicar el Sr. Llanos,  la presidencia corta el incidente agitando la campanilla y diciendo:

—Basta, se cumplirá la ley; y se hará como el Sr Fiscal desea.

El sorteo da como resultado a los siguientes jurados: Dº. Rafael Cardona, D. Eleuterío Nicolás, D, Andrés Gabardo, D. Agustín Farran, D. Victoriano Pastor, D. Manuel Crespo, D. Guillermo García de la Mata, D. Mateo de Hoyos Masegosa, D. Faustino Millan, D. Carlos Molina, D. José Orcajada, D. Domingo Moreno, D. Juan Murcia y D. José Orenes.

El sistema de elección de jurados establecido en la Ley del Jurado de 1888 consistía en un sistema de jurado puro donde se elegían 12 Jurados y  2 suplentes, debiendo ser mayores de 30 años, era obligatorio asistir, existían incompatibilidades, recusaciones, juramentos y deliberación del veredicto por mayoría absoluta de votos que posteriormente el Tribunal de derecho resolvería sobre derecho técnico.

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Abierto el juicio, el Secretario D. Lino Torres; da lectura a las conclusiones del Ministerio Fiscal; en la sala, la mucha concurrencia impidió oír bien esta lectura y el Sr. Presidente impone orden. Seguidamente, el Sr. Presidente pregunta al Sr. Fiscal por qué procesado desea que comience el interrogatorio, y este dice que por Josefa Gómez.

El letrado Sr. Llanos hace notar a la Presidencia que no se ha presentado la acusación privada.

1. INTERROGATORIO DE JOSEFA GOMEZ

Al levantarse para declarar, hay una gran expectación; su voz es viva y penetrante, se expresa con energía y atrae todas las miradas.

A PREGUNTAS DEL FISCAL 

Josefa dice que tiene 32 años y que es natural de la provincia de Albacete, que estuvo casada con Tomás Huertas hasta el día 8 de diciembre de 1893 en que este falleció; que Vicente Castillo llegó a su casa en calidad de huésped y la requirió varias veces de amores a lo que se negó con firmeza; Mi marido, que esté en gloria, tuvo celos de él y en una ocasión llegaron  incomodarse malamente, tanto, que por aquel disgusto, yo misma eché a la calle al Vicente. Este siguió en su idea y con tanto empeño que un día me amenazó con una pistola. Pero yo me resistí también y le dije:—Es tan criminal lo que va usted a hacer que si disparara la pistola ese tiro se volvería contra usted.
Después de esto iba a mi casa porque nos debía 17 duros.

En una de estas ocasiones me dijo me iba a dar una bebida para que yo se la diera a mi marido, en paz descanse, para que se le quitaran los celos y el afán del juego.
Yo tomé la botella con la bebida aquella porque me dijo que si yo no se la daba se la daría él. De aquella bebida eché la mitad en una botella que tenia un poquito de Ron y la otra mitad la guardé para enseñársela a una persona inteligente.

Añadió que en la tarde de autos el cocinero hizo el café; que su marido echo él mismo el ron. Declaró que el tarrito con la bebida que le facilitó Vicente Castillo, lo tenía ella en un vestido «colgado arriba». Manifestó además que no tenía resentimientos con su marido, pues aquel día habían estado de broma comiendo manzanilla y bebiendo dulces; niega en absoluto toda participación en el delito y muestra gran animosidad contra Vicente del Castillo.

Al llegar a este punto el fiscal le pregunta sobre la forma de darle luego el veneno en el café y Josefa niega que ella se lo diera y dice que nada sabe de como ocurriera la muerte de Tomás y la criada.

El Fiscal — No es cierto que al tomar el café dijo Tomás ¿qué has echado al café que está tan malo? y usted contestó: Será el Rom -.

Josefa .—No señor, eso es mentira.

El Fiscal.—En el sumario lo dijo usted.

Josefa.—Pues es mentira.

El Fiscal.—De modo que usted no sabe quién puso el veneno.

Josefa.—Yo que sé.; ni que fuera yo Dios!

El Fiscal.—Entonces porqués después de la desgracia tiró la botella del Ron  al pozo?

Josefa—Porque. . . ¿qué quiere y que le diga. .?
(A esta pregunta no da la procesada una contestación satisfactoria y duda).

El Fiscal—En resumen, que usted no sabe nada de lo que se refiere a la muerte de su marido.

Josefa.—NO señor, no. Y que le conste a usted, que no. He sido trece años casada y todo el mundo sabe que ni un disgusto he tenido con mi marido, y su familia me quería a mi más que a él.

El Fiscal.—¿Quien fregó las tazas del café?

Josefa.—No lo sé.

El Fiscal.—¿No!?

Josefa.—No; porque ya he dicho que cuando sucedió el hecho, yo me marché arriba a vestirme.

El Fiscal.—¿Desde que fue su marido a otra habitación a buscar la botella, estuvo usted presente donde estaba el café?

Josefa.—Si señor.

El Fiscal.—¿Cuántas botellas trajo su esposo de la despensa?

Josefa.—Una.

El Fiscal.—¿Además de su marido, tomó alguien café?

Josefa.—No lo sé.

PREGUNTAS DE SU DEFENSOR LETRADO VICENTE DIEZ

Dice que no tenía relaciones con Vicente, a quien aconsejaba que cuidara de su familia. Que ella tomó el frasco con aquella bebida para que Vicente no se lo echara en la comida según amenazaba.

Defensa -¿Ha dicho usted que al entrar Castillo a su casa la requirió de amores?

Josefa -Si.

Defensa —¿No tenía usted otras relaciones más estrechas?

Josefa—No señor; le miraba como a otro cualquiera huésped.

El interrogatorio de la defensa no ofrece interés. (Apunta el periódico Las provincias de Levante )

Hay tal barullo en el público, que apenas se oye la declaración.

El Presidente llama al orden varias veces, agitando la campanilla.

INTERROGATORIO DEL SR. LLANOS. DEFENSA DE VICENTE DEL CASTILLO 

Letrado —¿Antes del hecho, tuvo usted disgustos con su marido?

Josefa —No; no he tenido mas disgustos que cuando cualquier huésped se marchaba sin pagar.

L.—¿Es usted aficionada a echar las cartas?

Josefa —No señor; a quien se las echaron fue a una huésped de casa, llamada Cristina,

L.—¿Porqué tomó usted el frasco de Vicente del Castillo?

Josefa —Por que como amenazaba con echarlo para dárselo a mi marido, yo lo tomé para que no se lo diera.

L.—¿Cómo le dió a usted el tarro?

A esta pregunta no contesta la procesada.

L.—¿El día 8 entró Castillo en su casa?

Josefa—Todos los días iba.

L.—¿Qué día le dió el tarro?

Josefa— En uno de los que fue.

L.—¿Qué le dijo Castillo qué contenía el tarro?

Josefa—Una cosa para aborrecer.

L. —¿Después de haberle dado Castillo el tarro, habló con usted?

Josefa—Si señor; para preguntarme si había dado el líquido a mi marido.

L.—¿Qué disgusto ocurrió entre su marido y Vicente del Castillo?

Josefa—Pues se disgustaron por lo que oyó decir mi marido, y por las contestaciones que yo daba a éste de que me dejara en paz.

L.—¿ dónde fue su marido aquel día?

Josefa—A buscar a uno que le debía diez duros y que debía estar en el café del Siglo

L.—¿Qué razón tuvo usted para echar la mitad del liquido en otra botella?

Josefa—Para enseñarlo a una persona que entendiera de eso y me dijera lo que era aquel líquido.

L.—¿Quién hizo el café?

Josefa—El cocinero.

L.—¿Dónde estaba entonces su marido?

Josefa—Por la casa.

L.—¿Quién sirvió el café a su marido?

Josefa—Una servidora y la Concha mi criada.

L.—Servido el café ¿salió su marido a alguna parte?

Josefa—Le dije: Tomás, ya está el café, tráete una botella de aguardiente.

L.—Cuando tomaron el café ¿¡dónde marchó Vd.?

Josefa—A vestirme para salir.

L.—Cuando se le pidió la botella del liquido, ¿no le dijo Vd. a Concha tráete otra?

Josefa- No, Señor

(Lo demás del interrogatorio carece de interés)

Josefa Gómez contesta a cuantas preguntas se le dirigen teniendo algunas veces que ser atajada en sus explicaciones por el fiscal y las defensas, para que con palabras y más palabras no se desvíe de las contestaciones concretas que  se le exigen.

El Sr. Fiscal observa que hay contradicciones entre lo que ahora dice la procesada y lo que declaró en el sumario; pide que se lean sus declaraciones.

Leídas que fueron se observan varias: En su segunda declaración dice que su marido era aficionado al juego; que perdió; que tenia disgustos; que Castillo le dijo que conocía a unas gitanas que tenían polvos para aborrecer.

El Presidente pregunta—¿Es verdad?

La procesada contesta que unas cosas son verdad y otras mentira, y que eso de que le dijo a su hija que no tomara café, que no es cierto.

Sigue el interrogatorio del letrado Sr. Llanos

Letrado —¿Ha dicho usted que debía Vicente algunos duros?

Josefa —Si señor.

Letrado —¿Le preguntó a usted Castillo cuanto debía en aquella ocasión?

Josefa —No lo sé.

Letrado —¿Le dijo Castillo alguna vez que matara a su marido?

Josefa—No señor, porque si me lo hubiera dicho lo mato yo a él.  Miuste que gracia.

por último, pregunta el Sr. Fiscal.

—¿Las dos tazas en que tomaron café su marido y Vd. tenían alguna señal o eran iguales?

—No tenían señal y no se diferenciaban la una de la otra.

2. DECLARA VICENTE DEL CASTILLO 

Se levanta a declarar, con tranquilidad.

Dice a preguntas del FISCAL:

Vicente Castillo dice que vino a Murcia empleado; que mientras no traía la familia se hospedó en «la Perla Murciana»; que empezó poco a poco a requerir de amores a la Josefa, encontrando en ella a una mujer cualquiera, y que aprovechó las circunstancias como lo hubiera hecho otro.

Fiscal—¿Es cierto que Huertas tenia celos?

—Sí; pero no era por mí, si no por otros de antes y por la historia de ella.

Fiscal—¿Estuvo usted en su casa en la mañana del día 8 de Diciembre?

—Sí, señor; estuve en la mañana del crimen.

Fiscal—¿Qué motivos tiene para calificar el suceso de crimen?

—Por lo que dice la prensa.

A las diferentes preguntas que se le hicieron, contestó: Que no es cierto que tuviera ningún resentimiento con D. Tomás ni que este lo tuviera con él. Tanto es así, dijo, que la tarde en que ocurrió el hecho, se encontró a D. Tomás en el Porche de San Antonio y estuvo hablando con él y con él se dirigió a su casa para ver si en ella estaba un huésped llamado D. Mateo. D. Tomás se quedó en el piso bajo y él subió a la habitación de D. Mateo, bajando inmediatamente y yéndose porque no le encontró.
Afirmó que D. Tomás tenía frecuentes disgustos con su mujer y ésta decía que tales disgustos nacían de las reprensiones que ella le hacía porque era muy aficionado al juego.

Sobre sus amistades con la Josefa dijo:
Que ella le había propuesto varias veces marcharse a Madrid y él había aceptado la proposición, pero solo de boca, por no decirle que no.
Manifestó que ella no le propuso nunca que mataría a su marido, pero que es cierto que le decía, como lo manifestaba todo el mundo, que quería quedarse viuda.
Sobre esto llegó a decirme un día la Josefa—dijo el declarante – que tenía usos polvos que le había dado una gitana y que con los tales polvos y colocando por espacio de nueve días un plato de comida debajo de la cama de su marido este se moriría.

Fiscal— ¿Es cierto que usted tomaba estricnina y que el farmacéutico Dominguez le aconsejó la tomara como medicamento para su afección al estómago?

—Me lo aconsejó, pero no me lo mandó. La necesitaba para el dolor de estómago que padezco, y porque Domínguez también padecía de lo mismo, que la tomara, porque a él le iba muy bien con la estricnina. Días después, el hijo del farmacéutico de Nerpio que estaba en casa, el estudiante, llamado Antonio Martínez, y sabiendo lo difícil  que era adquirir tal medicamento, por sus funestas consecuencias mal administrado me dijo que él podía facilitarme la estricnina para mi padecimiento: yo acepté y el día que me la trajo estaba en el terrado de casa tirándole piedras a la Josefa en broma y jugando. Cuando me dio el tarro el chico de Nerpio, me dijo que llevara cuidado con el líquido que era peligroso. El chico se encargaba de comprarlo en la farmacia del Sr. Ruiz Seiquer, porque en ella lo conocían, por ser su padre boticario.

Fiscal—¿Usted le dió el frasco a Josefa?

—No señor.

Fiscal—¿Ha oído usted lo que ha dicho Josefa sobre eso?

—Sí, señor; pero lo cierto es que cuando me marché de casa, lo dejé olvidado encima de la mesa y Josefa sin duda lo cogió.

Fiscal—¿Sabia Josefa que el líquido del tarro era peligroso?

—Debía saberlo porque yo se lo dije en varias ocasiones.

Fiscal—¿Aconsejó Vd. a Josefa que diera a su esposo el líquido para aborrecer?

—Ni le di el tarro ni le aconsejé tal cosa.

PREGUNTAS DEL SR. LLANOS A SU DEFENDIDO.

LETRADO —¿Es cierto que cuando entró en la casa de huéspedes, la dueña de la misma le otorgaba sus favores?

—Si señor.

L.—¿Le tenía Vd. cariño?

—Cariño, no.

L.—¿Presenció Vd. disgustos entre ella y su esposo?

—No los he presenciado.

L.—¿Ha visto Usted entrar las gitanas en la casa?

—Pues si no paraban de entrar y salir!!. En una ocasión regaló tres sortijas a unas gitanas.

L.—¿Es cierto que una vez fue Vd. a su casa a preguntarle lo que la adeuda para abonárselo?

—Si señor.

L.—¿Es cierto que en la mañana del hecho, le preguntó Vd. si había realizado el encargo y ella dijo que no?

—No señor.

L.—¿Cuando ocurrió el disgusto entre Huertas y Vd. le dió satisfacciones?

—Si señor, se las di al Huertas.

PREGUNTAS del LETRADO SR. DIEZ 

A sus preguntas Vicente del Castillo contesta que llevaba el medicamento siempre consigo; que no puede precisar la fecha en que se lo proporcionaron; y que advirtió a la Josefa de que la medicina aquella era peligrosa.

PREGUNTAS del LETRADO SR. PEREZ (DEFIENDE A SR. RUIZ SEIQUER) 

L.—¿Quién hizo la preparación de la estricnina?

—Un servidor.

L.—¿Por qué procedimiento?

—Echando la estricnina en alcohol.

L.—¿No echó usted de menos el frasco?

—Al salir de casa, no señor; al llegar a la oficina fui a sacar la llave del cajón de la mesa y entonces lo eché de menos e inmediatamente volví a casa y no lo encontré. Llamé a la criada y me dijo que lo tenía la Josefa; al reclamárselo, a esta me contestó que lo había tirado al retrete para que no tomara más esas porquerías.

L.—¿Se dió Vd. por satisfecho con esa explicación?

—A la fuerza.

PREGUNTAS LETRADO SR. GUIRAO (DEFENSA DEL ESTUDIANTE)

L.—¿Conocía la Josefa los efectos del medicamento?

—Si señor; yo se lo había dicho.

L.—¿Sabia V. que el padre de Antonio Martínez era boticario?

—El lo dijo.

L.—¿Es cierto que dió V. una carta a Antonio para que trajera la estricnina?

—No señor; la carta la llevó él y me la dio a leer; yo supe lo de la carta después de tener la estricnina en mi poder; cuando me la dio me dijo que había tenido que fingir la carta para procurármela.

PREGUNTAS DEL SR. PRESIDENTE

P.—¿En que cantidad de alcohol disolvió la estricnina?

—En la botella llena, si bien no eché los 5 gramos porque me se cayó alguna al echarla.

P.—¿Cuanta cantidad tomaba para su padecimiento?

—Echaba una o dos gotas en un vaso de agua según la fuerza del dolor.

P.—¿Manifestó Vd. alguna vez que habría algún cataclismo en casa de Huertas?

—Sí lo dije; pero no aludiendo a nada.

P.—¿Es cierto que la amenazó con una pistola?

—No señor; ella lo dice porque le conviene.

 Josefa le interrumpe diciendo:—

Porque es verdad.

  • UN CAREO ENTRE JOSEFA Y VICENTE CASTILLO

Se celebra uno entre Josefa y Vicente a petición del fiscal y con motivo de las contradicciones en que incurren.

Entre ambos se suscita el siguiente diálogo:

Josefa— No señor, no es verdad; yo no he querido nunca a ese hombre; en todo lo que ha dicho, miente; no ha dicho una sola palabra de verdad; lo juro por la salud de mis hijos. (Rumores).

V. Castillo.—Ella podrá decir lo que le plazca, pero en todo cuanto ha dicho ha mentido y casi puedo asegurar que tuvo intención de cometer el hecho.

Josefa—¡Por eso tuve interés en buscarlo a Usted.! (en guasa).

El letrado Sr. Llanos  hace observar que Josefa Gómez tiene señales interiores en su cuerpo, que pueden dar a conocer si en efecto Castillo ha sido o no su amante, y que por consiguiente, debe decirlas para probarlo.

Castillo.— Pues tiene un lunar en la nalga derecha y otro en la espalda.

Josefa.—(Con ironía). Puesto que este señor ha visto los lunares, podrá dar señales de como son. Sin duda sabe que tengo esos lunares por referencia a una peinadora que yo tenía, la que sin duda los habrá visto y se lo habrá dicho, o bien lo habrá oído por otro conducto.

Castillo.—Lo que yo he dicho es la verdad, porque Josefa, con tal de salir bien de esto, le cargaría el muerto a su padre.

Josefa.—Aquí no nombre usted a mi padre para nada.

EL Fiscal a Castillo.—Ha dicho usted que Josefa le propuso que se fuera a Madrid.
Josefa.—Eso es, como si el mundo se hubiera vuelto al revés. Como si él fuera un marques para que yo hubiera dejado mí casa y mis hijos por él.

Todo lo que dice el señor es mentira.

3. DECLARACIÓN DE ANTONIO RUIZ 

Es el dueño de la  farmacia donde se adquirió la estricnina.
Dijo que le facilitó ésta al joven que fue por ella, porque lo conocía y porque además sabia que su padre tiene un establecimiento de droguería en Nerpio (Albacete).
Dicho joven llevó una carta pidiendo cinco gramos de estricnina, y como otras veces había ido también con cartas para que le entregaran otros medicamentos, no tuvo en aquella ocasión inconveniente en darle lo que pedía.

4. DECLARACIÓN DE ANTONIO MARTINEZ 

Es el joven estudiante, hospedado que estaba en la casa de huéspedes y quien por inexperiencia, facilitó la estricnina a Vicente del Castillo.

Ha declarado que Castillo le encargó la adquisición de la estricnina, para curarse la enfermedad del estómago, diciéndole que fuese a la Droguería con una carta de su padre para que le costara más barata.

Como  Vicente niega esta afirmación, el fiscal hizo que el joven estudiante se afirmara mucho en ello, el cual con mucha sinceridad repitió lo manifestado, añadiendo que cuando le entregó la estricnina, encargó mucho a Castillo que llevara cuidado, no fuera a hacer alguna cosa con ella, a lo que le contestó aquel echando mano al revolver, que si alguna vez tuviese una mala idea se pegaría un tiro, porque así acabaña más pronto. Añadió que las amistades de Josefa y Castillo eran conocidas en la casa, pues de rumor público se decía, manifestando también que Castillo desafió al dueño de «La Perla», porque éste lo despidió.

Careo

En vista de las contradicciones en que incurren el Castillo y el Estudiante, se celebra a petición del Fiscal el siguiente careo:

Fiscal.—El declarante dice que Castillo le suplicó que fuese por la estricnina y éste lo niega; pónganse de acuerdo para decir verdad.

Estudiante.—¿No se acuerda usted (dice a Castillo) que no le faltó más que ponerse de rodillas pidiéndome que fuese por la estricnina?

Castillo.—Lo niego; eso no es verdad; lo que yo he dicho antes es lo cierto y lo que recuerdo.

Ambos testigos no se ponen de acuerdo.

El Estudiante manifestó además, que por la casa de huéspedes se creía que entre Castillo y Josefa existían relaciones ilícitas.

Después del careo se suspende la sesión por 15 minutos….

….Reanudada la sesión al poco rato se entra a practicar la PRUEBA TESTIFICAL.

TESTIGOS DEL FISCAL

  • Francisco García Soriano

No comparece por no haber sido citado a la vista, por lo que se lee la declaración que prestó en el sumario.

  • Concepción Ródenas Cerdá

Era criada del hospedaje cuando ocurrió el hecho.

—¿Presenció usted el acto de brindar Josefa con el café a su esposo?

—Si señor.

—¿Es cierto que ella instó a su marido para que tomara el café?

—Si señor.

—¿Qué ocurrió entre el Tomás y el Vicente?

—Que mi amo tenía celos y despidió a Castillo de la casa y se incomodaron.

-Desde esta despedida volvió Castillo a la casa?

—Si señor: iba todos los días a tomar chocolate que yo le servía por orden de mi ama.

—¿Qué le dijo la Josefa después del crimen?

—Que Castillo le había engañado con el líquido.

—¿Es cierto que Castillo y Josefa sostenían relaciones ilícitas?

—Eso se decía pero yo…

Dice que vio cuando la muchacha que servia con ella, tomó la taza del café para beber.

Que el médico D. Laureano Albaladejo al reconocer a los enfermos y decirle que el café llevaba ron preguntó por la botella

Que su ama le dijo que la botella estaba en donde todas.

Que su ama la dijo que lo que tenía su marido sería resultado de un líquido que le había dado Castillo, para quitarle los celos.

Que su ama le dijo se asomara al pozo, para ver si flotaba la botella que contenía el líquido de referencia, y que ella lo había arrojado allí.

Que después de despedido Castillo, iba todos los días a casa y tomaba chocolate por orden de su ama; que veía los galanteos a su ama; que Tomás tenia celos, por lo que espiaba a la Josefa.

Que el Huertas vigilaba y que una vez rompió una baraja con la que jugaban Josefa y Vicente; y que éste tenía dominio sobre la Josefa, amenazándola en una ocasión con un revolver.

  • D.º Mateo Ros

Declara que cuando el crimen, era huésped de la casa, pero que no sabe que Castillo estuviera en ella en la mañana del día en que ocurrió. Su declaración no tiene nada de importante.

  • María Dolores Polanco.

Es la infortunada esposa del Vicente y renuncia a declarar.

«Hablando con nosotros nos ha manifestado los grandes sufrimientos que viene experimentando. Se le ha muerto un niño en el hospital y tiene aún dos hijos más.

Esta infeliz mujer dice que no sabe nada, pero implora piedad para su marido y para sus infortunados hijos.

En los párpados de sus tristísimos ojos se lo mucho que ha llorado. La narración de su inmensa desventura deja en el ánimo profunda tristeza.»

  • Salvador Salas.

Era el cocinero de «La Perla» y se expresa con sinceridad.

—¿Es cierto que Vd. hizo el café que a instancias de la Josefa, bebió su esposo Tomás?

—No señor; yo, por encargo de ella, puse el agua en el fuego para hacerlo; subí después al piso alto y cuando yo bajé ya estaba hecho el café.

—¿Sabe Vd. quien lo hizo?

—Creo que la Josefa.

—¿Presenció Vd. cuando el Tomás bebió el café?

—Si señor; cuando yo bajé ya estaba servido.

—¿Oyó Vd. si la Josefa instó a su esposo para que este tomara el café?

—Si señor que lo oí

  • Juan Cortés.

Era mozo de la cocina y confirmó en sus declaraciones cuanto manifestó el anterior testigo.

  • D. José Domínguez.

Es notario y antes fue farmacéutico. Declara ser cierto que recomendó al Castillo una fórmula de estricnina para curarse los padecimientos del estómago.

No añade otra manifestación digna de mención.

  • Antonia García.

Esta es la echadora de cartas, a que se refieren algunas declaraciones.

El público la mira con atención y ella se presenta con mucha soltura y donaire.

Le pregunta el Fiscal.

—¿Estuvo a echar las cartas en el hospedaje llamado «La Perla Murciana »?

—Si señor: estuvo a echar las cartas á un huésped.

—¿Conocía Vd. a la Josefa?

—Si señor.

—¿Es cierto que echó Vd. las cartas a la Josefa?

—No señor.

–¿Declaró Vd. en el sumario que echó Vd. las cartas a dos mujeres, en el hospedaje de La Perla?

—No lo recuerdo.

(Esta testigo así lo declaró en el sumario, no precisando si una de aquellas mujeres era la Josefa)

  • Isabel Gómez.

Es hermana de la Josefa Gómez.

—¿Recuerda Vd. si su hermana Josefa le tenía manifestado algo sobre Vicente del Castillo?

—A primeros de diciembre, pocos días antes de ocurrir el hecho, me manifestó que estaba contenta porque se había ido de su casa, aquel «tío mala sombra», aludiendo a Vicente.

Terminada la declaración de esta testigo, y a cosa de las 19:00, el Sr. Presidente, suspendió el juicio, para proseguirlo mañana a la 11:00 

  1. El día de los hechos, la instrucción y la calificación.
  2. Primera Sesión del juicio.
  3. Segunda Sesión del juicio.
  4. Tercera Sesión del juicio.
  5. Cuarta Sesión del juicio.
  6. La sentencia