Juicio del jurado 1895: la Perla de Murcia 23/11/1895. LA SENTENCIA

 

SENTENCIA

SEÑORES:

Dº Joaquín Piquer, Presidente.

Dº Joaquín Amo.

Dº Enrique de Gali.

En la ciudad de Murcia a 23 de noviembre de 1895.

Visto ante el Tribunal del Jurado la causa procedente del juzgado de San Juan, seguida por parricidio y asesinato, contra Josefa Gómez Pardo, hija da Francisco y de María, de 32 años, natural de Jorquera, provincia de Albacete, viuda, profesión la de su sexo, vecina de esta ciudad; Vicente Castillo Euselbe hijo de Clete y de Mariana, natural de Ceuta, provincia de Cádiz, de 35 años, casado, empleado, vecino de esta ciudad; don Antonio Ruiz Sequier, hijo de don José y doña Josefa, de 33 años, casado, farmacéutico, natural y vecino de esta ciudad, todos con instrucción y sin antecedentes penales y en prisión provisional los dos primeros, y contra Martínez Muñoz, respecto del cual se ha sobreseído, habiendo sido ponente el Magistrado don Joaquín Amo Bañón.

1º Resultando: que constituido dicho tribunal para conocer de la expresa causa, después de practicadas las pruebas y demás trámites legales, han pronunciado los jurados veredicto que dice así:

«Los jurados han deliberado sobre las preguntas que se han sometido a su resolución y bajo el juramento que prestaron, declaran solemnemente lo siguiente:

A la 1ª – Josefa Gómez Pardo ¿es culpable de haber dado a su marido Tomás Huertas Cascales, una taza de café que había de tomar y tomó, y en la que había echado cierta cantidad de disolución de estricnina, u otro tóxico de gran actividad con ánimo de causarle la muerte como la produjo al poco rato; hecho que tuvo lugar en la casa en que vivía, calle del Porche de San Antonio de esta ciudad, sobre las tres de la tarde del día 8 de diciembre de 1983?  SI

A la 2ª – Josefa Gómez Pardo, ¿es culpable de la muerte de su criada Francisca Griéguez, ocurrida en la tarde que se refiere la pregunta anterior, por haber bebido el sobrante del café que quedó en la taza que la dicha Josefa Gómez sirvió envenenado a su marido Tomás Huertas?   NO

A la 3ª – Josefa Gómez Pardo, al echar en la taza de café que sirvió a su marido Tomás Huertas el líquido venenoso o estricnina que le ocasionó la muerte, ¿lo hizo creyendo que se trataba de una sustancia inofensiva?  NO

A la 4.ª— Josefa Gómez al ejecutar los hechos consignados en la primera pregunta ¿obró por haber sido amenazada de muerte, si no envenenaba a su marido?  NO.

A la 5.ª—Al llevar a efecto Josefa Gómez los hechos que se refieren en la primera pregunta, ¿fue su propósito causar a Tomás Huertas un daño de tanta gravedad como le produjo?  SI

A la 6ª – Josefa Gómez Pardo al ejecutar los hechos relatados en la primera pregunta, lo hizo perturbado su espíritu por los disgustos y cuestiones que entre ella y su marido mediaran y temerosa de lo que en lo sucesivo pudiera sobrevenir?  NO

A la 7 ª – Vicente Castillo Euselbe, ¿Es culpable de haber aconsejado, excitado e instigado a su amante Josefa Gómez para que envenenara a su marido Tomás Huertas? SI

A la 8ª- Para que la Josefa Gómez envenenara a Tomás Huertas, el Vicente Castillo Proporcionó a la misma cierta cantidad de disolución de estricnina u otro veneno análogo? SI.

A la 9ª —Vicente Castillo ¿Es culpable de la muerte de Francisca Griéguez ocurrida en la expresada tarde por haber bebido el sobrante del café envenenado o que había dejado en la taza Tomás Huertas?  NO.

A la 10ª .—D. Antonio Ruíz Seiquer, Es culpable de haber expandido en la droguería sita en la Pieza de San Bartolomé de esta ciudad, cinco gramos de estricnina sin factura ni receta y solo por !a confianza que le merecía la persona que fue por ella que ya en otras ocasiones y por encargo de su padre establecido en Nerpio había comprado en dicha droguería sustancias y drogas para medicamentos? NO.

2.º Resultando. Que el ministerio fiscal en su escrito de conclusiones definitivas calificó los hechos de un delito de parricidio y dos de asesinato y además de un delito contra la salud pública, previstos y penados respectivamente en los artículos 417, 418 circunstancia 3 ª y 352 del Código penal; siendo autora del parricidio Josefa Gómez Pardo, y además de un asesinato, y autor de dos asesinatos el procesado Vicente Castillo Euselbe, y del delito contra la salud pública el también procesado, D. Antonio Ruíz Seíquer, y en vista del veredicto, ha solicitado que se condene a la Josefa Gómez Pardo a la pena de muerte y al Vicente Castillo a la pena de cadena perpetua; debiendo indemnizar por mitad y solidariamente dichos procesados Gómez y Castillo los herederos del interfecto Tomás Huertas la suma de 5000 pesetas.

3.º Resultando: Que la defensa del procesado Vicente Castillo que en sus conclusiones definitivas, alegaba que este no era autor de ningún delito, en vista del veredicto, ha solicitado que considerándole como cómplice de un solo asesinato, se le condenara a la pena de 12 años y 1 un día de cadena temporal, accesorias y costas correspondientes.

4.º Resultando: Que la defensa de la procesada Josefa Gómez Pardo, en sus conclusiones definitivas sostuvo que no era autora de ningún delito por no haber suministrado ninguna sustancia venenosa a su marido y en otro, si lo hizo fue creyendo que se trataba de una sustancia inofensiva y por último para el caso de que se apreciara que era autora de parricidio y homicidio, se había de estimar a su favor la concurrencia de la circunstancia atenuante 3ª y 7ª del artículo 9 y 10ª del repetido Código penal, y en vista del veredicto pidió se le condenara a la pena de reclusión perpetua.

5.° Resultando: Que la defensa del procesado D. Antonio Ruíz Seiqner sostuvo en sus conclusiones también definitivas, que esta no había cometido ningún delito.

1.º Considerando: Que los hechos que el veredicto declara probados constituyen el delito de parricidio respecto a la procesada Josefa Gómez Pardo, por haber dado muerte a su marido Tomás Huertas Cascales, delito previsto y penado en el artículo 417 del Código penal y el de asesinato, por lo que respecta al procesado Vicente Castillo Euselba por haberse ocasionado la muerte del Huertas por medio del veneno, circunstancia agravante 4ª del artículo 10 del mencionado Código, que en el presente caso y para este procesado cualifica el asesinato según lo prescrito en el artículo 418 y su circunstancia 3ª del repetido cuerpo legal.

2.º Considerando: Que del delito de parricidio, según el mismo veredicto, resulta autora dicha procesada Josefa Gómez Pardo, por haber tomado parte directa en su ejecución, y del de asesinato, también según el mismo veredicto, resulta autor el procesado Vicente Castillo Euselba, por haber inducido directamente a la Gómez a que matara a su marido.

3.° Considerando: Que en la comisión del delito, además del parentesco que lo cualifica de parricidio respecto a la Josefa Gómez concurre la circunstancia agravante 4 del artículo 10 del repetido Código o sea la de haberlo ejecutado por medio de veneno, circunstancia que no puede apreciarse para el efecto de aumentar la pena respecto del otro procesado Castillo, por haberse tomado en cuenta como cualificada del delito de asesinato sin que sea de apreciar ninguna otra circunstancia modificativa de la penalidad para los procesados.

4.º Considerando: Que los responsables criminalmente de un delito, lo son también de las costas del procedimiento en la proporción debida y vienen además obligadas a la indemnización de los perjuicios ocasionados con el delito.

5.º Considerando: Que siendo de inculpabilidad el veredicto en cuanto al asesinato de Francisca Grieguez, de que también venían acusados dichos procesados Gómez y Castillo, es procedente la absolución de estos por lo que se refiere a este delito.

6.º Considerando: Que siendo así mismo de inculpabilidad el veredicto cuanto al procesado D. Antonio Ruíz Seiquer, acusado únicamente por delito contra la salud pública, procede su absolución, declarando de oficio la parte de costas correspondiente.

Vistos los artículos citados y además el 11,13, números 1 y 2 , 18 y 28, 53, 54, 64, 79,80, 81— regla primera,— 82, regla 1, 91, 102 y 121 del código penal, 142, 144, 239, 240,742 y 947 de la ley de Enjuiciamiento criminal; 96 y 97 de la del Jurado.

FALLAMOS:

Que debemos condenar y condenamos a la procesada Josefa Gómez Pardo, a la pena de muerte en garrote, que se ejecutará en esta ciudad, y en el caso de obtener indulto a la accesoria de inhabilitación absoluta perpetua si no se hubiese remitido especialmente en el indulto también condenamos al procesado Vicente Castillo Euselbe a la pena de cadena perpetua y accesoria de interdicción civil, sufriendo en caso de obtener indulto de la pena principal, la de inhabilitación perpetua absoluta si en el indulto no se remitiere esta pena accesoria; a que abonen por vía da indemnización de perjuicios ambos procesados Gómez y Castillo por mitad, pero mancomunada y solidariamente a los herederos del interfecto Tomás Huertas, la suma de 2000 pesetas y al pago de una octava parte de costas cada uno, respecto de las procesales y el total de las ocasionadas en sus respectivas defensas.

Absolvemos a dichos dos procesados por el delito de asesinato de Francisca Griéguez, declarando de oficio la mitad de las costas procesales; absolvemos también a Dº Antonio Ruiz Sequier, declarando de oficio las restantes costas; álcesen los embargos y cancélese fianzas y anotaciones que respecto de Dº Antonio Ruiz Sequier se hubieren practicado con motivo de esta causa; inutilícense los efectos ocupados y aprobamos el auto en que se declaró insolventes a los demás procesados, que dictó y consulta el juez instructor, y en atención a la pena impuesto en esta sentencia a la Josefa Gómez Pardo, se considera admitido de derecho el beneficio de la misma, el recurso de casación, cumpliéndose su tiempo con lo dispuesto en el artículo 948 de la Ley de Enjuiciamiento criminal

Así por nuestra sentencia definitiva, la pronunciamos, mandamos y firmamos. Joaquín Piquer. Joaquín Amo, Enrique de Gali.

PUBLICACIÓN

Leída y publicada fue la anterior sentencia en el día de su fecha por el señor Magistrado ponente D. Joaquín Amo, estando en el tribunal celebrando Audiencia pública.

Murcia 23 de Noviembre de 1895

Lino Torres.


Periódico Las Provincias del Levante

«La justicia humana se consideró cumplida y la vindicta pública satisfecha.

Después de leída la sentencia se produjo una escena conmovedora; el hijo de Josefa Gómez, niño de diez años, se abrazó fuertemente a su madre; parecía el ángel inocente que quería arrancar a su madre de la terrible expiación de sus culpas.

Fue aquel un acto de profundísima y viva emoción; en casi todos los semblantes se esbozaron lágrimas de compasión.

La Josefa besó a su hijo con frenesí; lloraba amargamente y fue presa de un síncope.

El niño tampoco pudo resistir un dolor tan intenso y sufrió un acceso nervioso.

La madre y el hijo fueron auxiliados.

¡Quien sabe si en aquel momento, el alma da Tomás Huertas, donde quiera que esté, envió su perdón a la esposa infiel y desgraciada, y pidió a Dios por ella y por su inocente hijo, que viene a la vida entre el cadáver da su padre envenenado y la sombra aterradora de un afrentoso patíbulo!

¡Pobre niño!

Vicente del Castillo firmó la notificación de su sentencia con mano temblorosa;

la Josefa no pudo hacerlo por su estado nervioso y firmaron por ella dos testigos, conforme está prevenido.

La opinión juzga que en la instrucción del proceso, se observan deficiencias, que no han determinado bien ciertos puntos interesantes.

En cuanto al fallo se considera justo, aunque siempre doloroso.

La prensa está muy agradecida a las deferencias que la han dispensado el Presidente de la Audiencia Sr. Piquer y el Secretario de la misma Señor Torres, a quienes enviamos nuestra gratitud.

El Fiscal ha estado a gran altura; los letrados defensores han honrado el foro murciano y dignificado su toga.

El acto de ayer, resultó edificante por la ejemplaridad que en sí tiene. Allí vimos todos las inevitables consecuencias del mal; los estragos que causa el delito; los sufrimientos agudos da la delincuencia.

Allí aprendimos, en las torturas de los reos, que el obrar mal, es seguro camino de perdición. La enseñanza es saludable.

Después de la sentencia.

Apenas acabó la lectura de la sentencia, se produjo un estruendo atroz en la sala, en el vestíbulo, en la escalera y en el zaguán. La gente se arremolinaba y se empujaba, destrozando la baranda de madera que separa la tribuna central de la prensa, del público. La guardia civil era impotente para contener aquella masa humana.

Los procesados recibieron la sentencia con gran resignación, aunque cuando la leyeron se encontraban en un estado de abatimiento grande, especialmente la Josefa.

Esta, desde la escena con su hijo, cuando el tribunal de derecho estaba deliberando, no tenía consuelo.

Abrazando a su inocente hijo le decías: ¡Qué infamia han hecho con vosotros, hijos míos!

Terminada la lectura de la sentencia, un empleado de la Audiencia llegóse a los procesados y les entregó a cada uno una cantidad en dinero diciéndoles:

«Una persona piadosa me encarga les entregue para sus hijos esta cantidad».

Los procesados dieron las gracias entra sollozos, bendiciendo a su bienhechor. Josefa Gómez se encontraba abatidísima con el rostro entra las manos y estas apoyadas en el pupitre de los procuradores y no quiso firmar la notificación de la sentencia.

El letrado Sr. Díaz y Miquel no se separó un momento de su defendida hasta que ingresó de nuevo a la cárcel, prodigándola todo género de consuelos. Desde la sala de vistas hasta los carruajes que habían de conducir a los procesados, impedía el paso una multitud inmensa.

Dos parejas de la guardia civil tuvieron que abrir un estrecho callejón por entre la gente, por donde salieron los procesados.

Castillo marchaba por su propio pie conservando alguna serenidad, Josefa iba con la cabeza inclinada, apoyándose en los brazos da su defensor y de su hermana.

Casi en peso tuvo que ser subida al carruaje.

La muchedumbre estaba afligida viéndose en más de un rostro rodar las lágrimas.

Siguieron a los carruajes hasta la cárcel como unas cien personas.

Vuelta a la cárcel

En la cárcel se sabia ya que Josefa había sido condenada a la pena de muerte y Castillo a la de reclusión perpetua

Estas noticias produjeron en los presos una impresión profunda.

Los rostros de todos aquellos desgraciados estaban tristes y se comprendía en sus palabras la compasión que les inspiraba los condenados.

Pero tocaron a silencio y no pudieron esperar los presos a que llegaran los dos procesados. Josefa se despidió de sus hijos con gritos desgarradores y sollozos, abrazándolos y besándolos muchas veces, Castillo derramó también abundantes lágrimas al despedirse de su esposa e hijos.

Cuando atravesó el patio de la cárcel aquel triste grupo alumbrado por la luz de un farolillo y formado de los dos procesados, los vigilantes y los llaveros, en los dormitorios de los presos y presas se produjo un misterioso y tétrico rumor.

La Josefa subió al departamento de mujeres llorando y casi en brazos que le auxiliaban. Abrazó a la encargada, mujer de edad avanzada, exclamando:

—¡Dolores de mi alma, que infamia tan grande han hecho con mis hijos y conmigo!

Las quince o veinte mujeres que hay en esta cárcel presas, temen a Josefa y ayer escondieron las planchas y unas tijeras, tirando por el retrete una pequeña navaja sin punta, porque creían que vendría furiosa y las acometería a todas.

Pero cuando las presas vieron el estado de abatimiento en que llegaba Josefa, empezaron todas a llorar y a prodigarle consuelos.

Le hicieron tomar casi a viva fuerza una taza tila y un poco de unas yemas.

La desgraciada Josefa se acostó enseguida, sin parar de llorar y de decir que habían hecho una infamia con ella. Todas sus compañeras la rodeaban y muchas no se han acostado en toda la noche, cuidándola y consolándola

Vicenta del Castillo entró en el dormitorio general de la parte de poniente de la planta baja de la cárcel, con bastante tranquilidad y, al parecer, satisfecho del fallo.

Dijo a varios presos, que ya esperaba él la sentencia que le habían impuesto y que por eso no le había cogido de susto.

Manifestó que sentía más lástima por la pobre Josefa que por él mismo, aunque había sido muy mala para él.

Antes de acostarse tomó una taza de café y nos aseguran dijo, que el jurado había hecho una infamia y que no deseaba más que los hijos de esos jurados se vieran como se verán los suyos.

Hizo machos elogios de su defensor, Sr: Llanos a quien está muy agradecido.

Me ha hecho una defensa – dijo—-;como yo no me esperaba a pasar de saber que era un gran abogado.

Se acostó temprano también y no se durmió hasta la media noche o después.

Hemos oído decir que este procesado dijo ayer en la Audiencia, que en cuanto lo destinen a un penal piensa pedir al gobierno ir a Cuba para luchar por la patria y morir allí con gloria y redimir su pecado de este modo.

Esta mañana

Josefa Gómez no ha podido esta mañana abandonar el lecho.

Ha manifestado que se encontraba enferma y que no podía bajar a oír misa.

Todas las demás presas y presos han bajado a la capilla excepto dos de las primeras que se han quedado cuidando a Josefa.

La misa la ha dicho a las 8 de la mañana el virtuoso presbítero Dº José Tormo.

Los presos la han oído con gran devoción, rezando casi todos ellos por la desgraciada Josefa.

La hermana de esta ha estado en la cárcel a llevarle el almuerzo, pero la procesada no ha querido comer nada.

Terminada la misa el virtuosisimo e ilustrado presbítero Sr. Tormo ha solicitado permiso del Sr. Director del Correccional para visitar a la Josefa, habiéndoselo concedido con gusto el Sr. González.

La entrevista ha sido tiernisima, llorando todos, presas, sacerdote y vigilantes.

El Sr. Tormo ha exhortado a la procesada a tener fe y confiar en Dios, que es el supremo juez de nuestros actos en esta triste vida.

Le ha recomendado se encomiende en el patriarca San José, que es un gran santo, y que con su intervención se salvará.

Las palabras de consuelo del sacerdote, han caído como un bálsamo sobre el afligido corazón de Josefa, quien se ha mostrado más animada.

Josefa ha dicho sollozando que hará cuanto le ha mandado el Sr. Tormo; que pedirá con más fe que nunca al Señor y a los Santos, no para ella sola, sino por sus hijos principalmente, pero que hasta ahora los Santos, a quienes tanto quiere, se han mostrado ingratos con ella.

Ha añadido que no desconfían de la infinita misericordia de Dios y que quizás la de ayer sea la última prueba a que ha sido sometida en el altísimo juicio de la providencia.

Vicente Castillo se ha levantado temprano, se ha vestido como ayer fue a la Audiencia y estaba contentísimo.

Según parece este procesado sospechaba lo iban a condenar a muerte y aun con ser tan atroz la pena de reclusión perpetua, está satisfecho y contento. Ha tomado café y ha convidado otros presos a tomarlo con él.

Esta mañana estaba esperando con gran ansiedad que dieran las doce, hora de comunicación en la cárcel, para poder abrazar a sus hijos.

Este procesado, como Josefa, muestran gran arrepentimiento y solo teme que la causa en Madrid sea revisada y se le imponga también la pena de muerte.

Confía, sin embargo, en que no sucederá así y en que Josefa será indultada.

El Indulto

Los nobles y generosos sentimientos de este pueblo se han revelado espontáneamente en favor del indulto de la Josefa Gómez Pardo, cuando oportunamente pueda implorarse esa hermosa gracia de nuestra soberana.

Los mismos Jurados que han dictado el veredicto de culpabilidad en cumplimiento de su deber; el mismo Fiscal que ha pedido la terrible pena; todos los funcionarios que han intervenido en el proceso y el pueblo que en general ha aplaudido el fallo, piden el indulto de la última pena para esa desgraciada.

En todos confiamos para que así suceda; en el sentimiento público que lo demanda; en la Reina cuyo magnánimo corazón es inagotable para la piedad; en el Gobierno y en el diputado por esta D. Antonio Cánovas del Castillo, ilustre bienhechor que no querrá se alce en su querida Murcia un patíbulo para aflicción de todos.

Cumplida ya la justicia humana; desagraviada la sociedad o impuesto el imperio de la ley, hay que dar rienda suelta a los dulcísimos sentimientos de la caridad cristiana.

Testamento

Josefa el día 28 de octubre 1896 a las 21:40 pm en la capilla de la cárcel firma su testamento, dejando como herederos universales a sus hijos menores de edad.

Firma de Josefa Gómez en su testamento

A Josefa Gómez

En el cerro llamado de la Fuensanta hay un eremitorio; y dentro de él una Santa Imagen que le da su nombre. Es la de la Virgen de la Fuensanta, Santísima Madre y Abogada nuestra, consuelo de los murcianos en todas sus tribulaciones y angustias.

Aquella Virgen pura, santa y bendita, acoge todas las súplicas de tus hijos los pecadores que e ella acuden implorando sus dulces consuelos.

Josefa Gómez debe acudir a la infinita misericordia de Dios, arrepentida de sus culpas; debe elevar su corazón a Dios Todopoderoso, debe acudir con verdadera contrición a la Santa Patrona de Murcia para obtener el favor divino, el perdón de sus pecados y los consuelos que solo se encuentran en nuestra religión, única verdadera.

Vuelva los ojos, con las lágrimas del arrepentimiento, hacía la Virgen, Madre universal, y cualquiera que sean las decisiones del Altísimo, diga siempre con la resignación del pecador arrepentido: ¡Hágase siempre la soberana voluntad de Dios Nuestro Señor!

Las víctimas

Por ahí anda implorando la caridad pública para marchar a su país, la infeliz Dolores Palanca Soriano; es la infortunada esposa de Vicente Castillo, verdadera mártir.

Esta mañana ha visitado nuestra redacción, llevando de la mano a sus dos hijos.

La pobre Dolores, tiene los ojos secos de tanto llorar; ha envejecido por el dolor; en su triste semblante se ven las huellas del más agudo sufrimiento.

Deja para siempre a su esposo en la prisión y quiere marcharse a su pueblo (Alpera) con sus dos pequeñuelos a buscarse la vida.

A otro de los hijos (pues tenía tres) le ha visto morir en el hospital, hace pocos meses. Tiene el corazón transido por el más grande de los infortunios y su situación es angustiosísima.

Los hijos de la Josefa son también como los de Vicente, víctimas inocentes de la espantosa tragedia.

La piedad impone ciertos deberes.

SUSCRIPCIÓN

PARA LOS HIJOS DE JOSEFA GOMEZ Y VICENTE DEL CASTILLO SENTENCIADOS, LA PRIMERA A LA PENA DE MUERTE, Y EL SEGUNDO A LA DE CADENA PERPETUA

Nos complacemos en hacer esta suscripción a favor de esos infortunados e  inocentes seres; a las buenas almas los recomendamos.»


El indulto no llegó.

El día  29 de octubre de 1896 muy cerca de la actual Audiencia Provincial de Murcia en Ronda Garay,  Josefa Gómez fue ejecutada públicamente con el sistema de garrote vil. 

josefa ejecución

Será en 1900 con la aprobación de la “Ley Pulido” (denominada así por el senador liberal llamado Ángel Pulido) cuando se reserve la ejecución de la pena de muerte a la “intimidad” de las cárceles. Si bien, por Real Orden anterior de 24 de noviembre de 1894 ya se estableció que con carácter general la ejecución de la pena de muerte se realizara en el interior de las cárceles, siempre y cuando existiese en ellas un lugar apropiado para tal fin. Al parecer, la última ejecución pública en tiempos de paz documentada en España se dio el día 27 de junio de 1899 en la plaza de las Campas de la localidad de Tineo, Asturias, donde por el sistema del garrote vil se ejecutó por el asesinato de su mujer e hijo a Rafael Gancedo González.

  1. El día de los hechos, la instrucción y la calificación.
  2. Primera Sesión del juicio.
  3. Segunda Sesión del juicio.
  4. Tercera Sesión del juicio.
  5. Cuarta Sesión del juicio.
  6. La sentencia

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